Democracia y Justicia

Populismo vs progresismo: similitudes y diferencias

¿Qué significan estos términos, en qué se parecen o diferencian, que los define?

por LibertiesEU

El populismo y progresismo son dos movimientos políticos que están en boca de todos en estos tiempos. Tanto en Europa como en otros lugares, muchos países han elegido gobiernos que han sido calificados de populistas, mientras que las políticas y los partidos progresistas cada vez logran más apoyo. Pero, ¿qué significan estos términos, qué define define a cada uno, y en qué se parecen o se diferencian?

¿Qué es el populismo?

En pocas palabras, el populismo es una estrategia política que consiste en apelar al "pueblo" poniéndolo en aposición a las "élites", a las que se culpa de obviar la voluntad o las preocupaciones del pueblo. Es importante señalar que el populismo no está inherentemente ligado a una determinada ideología política, ni siquiera a un sector del espectro político. Barack Obama y Donald Trump, que no comparten casi ninguna creencia política, han sido llamados populistas. Al igual que Silvio Berlusconi y Jeremy Corbyn.

Los inicios del populismo: cómo empezó, situación actual

El populismo se remonta a la República romana, de la que toma su nombre. Los Populares —que en latín significa "a favor del pueblo"— eran una facción política que favorecía la causa de los plebeyos (los comunes) contra la clase dirigente. Desde entonces, la etiqueta se ha aplicado a varios políticos, partidos y movimientos de todo el mundo y de todo el espectro político.

Pero cuando se habla de populismo en el contexto de la Europa actual, suele ser para referirse a los populistas autoritarios, es decir, quienes ganan apoyo a través de mensajes populistas, pero gobiernan favoreciendo en realidad a las élites y desestabilizan las propias instituciones democráticas que protegen los derechos y las libertades de la "gente corriente". El primer ministro húngaro, Viktor Orban, o el esloveno Janez Janša son dos ejemplos.

Los populistas autoritarios de Europa dividen habitualmente la sociedad según criterios étnicos o religiosos, donde los blancos son la "gente corriente" y las ONG, los medios de comunicación, los famosos e incluso los jueces son presentados como las élites. Y los populistas autoritarios retratan a estas "élites" como si solo se preocuparan de proteger y promover los derechos y necesidades de los "grupos externos" a expensas de la "gente corriente". A las personas migrantes, LGTBIQ, o con alguna discapacidad e incluso a las mujeres les pueden consideras "grupo externo".

Anatomía del populismo

El "pueblo" se encuentra amenazado por las "élites" que arruinan el país y que son los culpables de las dificultades de la gente corriente.

Los populistas autoritarios quieren restaurar las viejas jerarquías sociales y las antiguas tradiciones que mantienen a los marginados separados de alguna manera del resto de la sociedad.

Para cumplir sus objetivos, necesitan desmantelar ciertas instituciones democráticas: un poder judicial independiente o las normas de derechos humanos, para poder aprobar leyes discriminatorias.

A su vez, deben eliminar las voces críticas, ya sean de la sociedad civil o de los medios de comunicación. Estos últimos a menudo los toma directa o indirectamente el gobierno para luego utilizarlos para promover su propia propaganda.

¿Qué es el progresismo?

En su esencia, el progresismo tiene que ver con la igualdad, los derechos humanos y la igualdad de protección y trato ante la ley. También encarna el respeto a la democracia, ya que este sistema y sus instituciones políticas son los que mejor protegen los valores progresistas y los derechos fundamentales.

Los inicios del progresismo: cómo empezó, situación actual

Esta definición del progresismo se ajusta a sus orígenes. Filósofos del siglo XVIII como Immanuel Kant y Nicolas de Condorcet concibieron el progresismo como cualquier movimiento hacia una sociedad más civilizada, segura y justa. Acabar con la esclavitud, aumentar la igualdad de género y el acceso a la educación, y abordar la desigualdad económica fueron algunos de los principios del primer pensamiento progresista.

Hoy en día, el "progresismo" puede tener un significado ligeramente distinto según el país. En Estados Unidos, por ejemplo, ahora está muy vinculado a cuestiones medioambientales y a la lucha contra el cambio climático, a la reforma de los servicios sociales y de la policía. Asimismo, a los derechos de los trabajadores y al control del poder empresarial.

Pero cuando los defensores de los derechos humanos hablan de progresismo, quieren alentar a que se apoyen los derechos humanos, el Estado de derecho y la democracia, cuestiones que, para muchas personas, no deberían suscitar ningún tipo de controversia o fuente de desacuerdo, pero sin embargo, en la Europa actual, si parecen frecuentemente problemáticas.

Anatomía del progresismo

El progresismo implica el progreso de la humanidad, cada vez más alejada de la barbarie y dirigida a la creación de comunidades libres, prósperas y seguras en las que todas las personas tengan la oportunidad de participar y las mismas posibilidades de triunfar.

Las políticas gubernamentales deben tratar de reducir las desigualdades sociales, entre ellas las económicas y de género, y desmantelar la discriminación estructural e institucional.

Todas las personas tienen derechos humanos, y los derechos de una persona son tan importantes como los de la siguiente. De igual forma, todas las personas deben gozar de la misma protección ante la ley.

El Estado de derecho debe ser respetado para garantizar el buen funcionamiento de un gobierno democrático, en el que los derechos y el bienestar de cada ciudadano son primordiales a la hora de elaborar leyes y políticas.

Populismo frente a progresismo: ¿en qué se parecen y en qué se diferencian?

El populismo y el progresismo se parecen en que ambos afirman actuar por el bien de todos, y en especial de la "gente corriente". Ambos movimientos prometen mejorar la vida de la gente corriente y legislar con ese objetivo.

Pero incluso esta particular similitud es engañosa, porque progresistas y populistas definen a la "gente corriente"— o incluso a "todo el mundo"— de forma distinta. Como ya se ha mencionado, los populistas autoritarios europeos definen a "el pueblo" como los blancos, y más concretamente los cristianos blancos. Y más que querer ayudar realmente "al pueblo", lo que quieren es dividir a la gente entre sí, culpando a las minorías y a otros grupos de las dificultades de la "gente corriente" e incluso de los propios fallos del gobierno.

Los progresistas, en cambio, son más inclusivos. Su interés genuino es que todos los miembros de la sociedad tengan las mismas oportunidades de participar y tener éxito. En lugar de destacar lo que nos diferencia, como hacen los autoritarios populistas, señalan lo que tenemos en común, lo que nos une, y presentan nuestras diferencias como fuentes de fortaleza y enriquecimiento cultural, en lugar de debilidades o cuestiones a temer.

Quizá la diferencia más grande sea que los progresistas creen en la igualdad y trabajan para lograrla, mientras que los populistas autoritarios trabajan activamente para crear sociedades desiguales. Y esto implica debilitar o deshacerse de personas, organizaciones o instituciones que ayudan a salvaguardar la igualdad y la protección equitativa ante la ley. Las organizaciones de la sociedad civil y los jueces independientes suelen encabezar esta lista.

¿Qué le depara el futuro al populismo y al progresismo?

Ambos movimientos —el progresismo y el populismo autoritario— han resurgido en los últimos años. El ascenso del Fidesz en Hungría y del PiS en Polonia se produjo en medio de una ola de apoyo a los políticos nacionalistas de derechas en Europa. También han tenido éxito en Italia, República Checa, Eslovenia y otros países de la UE. Su éxito se debe en parte a la Gran Recesión y a la creciente desigualdad económica, y en parte a que los autoritarios han sabido transmitir mejor sus mensajes

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El progresismo, por su parte, también goza de más apoyo. Los partidos verdes de Alemania, Francia y otros países están obteniendo un éxito sin precedentes en las urnas, mientras que las iniciativas políticas progresistas están haciéndose hueco en las corrientes políticas dominantes en Estados Unidos, Reino Unido y otros países. Pero para llegar al poder, los progresistas tienen que lograr demostrar mejor a la gente lo que tienen en común. Asimismo, tienen que asegurarse de que la gente tiene lo que necesita para vivir, de modo que no sea vulnerable a las tácticas de divide-y-vencerás de los autoritarios populistas.

Por ahora, no hay nada definitivo. Los gobiernos populistas autoritarios de la UE están, en su mayoría, bien arraigados. En algunos países, como Hungría, han tenido tanto éxito a la hora de cambiar la ley, acabar con las voces críticas y erosionar el Estado de derecho que es difícil que pierdan unas elecciones en breve. Ya no es cierto que todos los países de la UE tengan elecciones libres y justas, por lo que incluso la disminución del apoyo podría no significar el fin de algunos gobiernos populistas autoritarios. Pero si los progresistas son capaces de mejorar sus mensajes y recabar aún más apoyo para causas fundamentales como la igualdad y la protección del medio ambiente, es muy posible que puedan invertir la tendencia y superar a los populistas aautoritarios.

Fotos: pexels.com; Matt Johnson Flickr.com