Democracia y Justicia

¿Por qué tenemos que valorar nuestras libertades civiles?

Hoy en día, parece que damos por hecho muchas de nuestras libertades. No podemos imaginarnos una Alemania sin libertades fundamentales como la libertad de reunión o la de asociación. Sin embargo, en algunos países de la UE se restringen cada vez más.

por Jascha Galaski

Queremos vivir en una sociedad en la que nos sintamos libres de decir y escribir lo que pensamos sin temor a que las autoridades del Estado nos sancionen o censuren. Queremos tener derecho a protestar pacíficamente contra las leyes que son contrarias a nuestros intereses o a los de nuestros conciudadanos. Queremos poder participar en la vida política y tomar decisiones independientes sobre nuestro futuro y el de nuestros hijos. Estas libertades y muchas otras están protegidas por las libertades civiles. Nuestros antepasados lucharon mucho por ellas a lo largo de muchas generaciones y, a pesar de ello, constatamos que pueden volver a restringirse. Por eso hay que reconocerlas, valorarlas y protegerlas.

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¿Qué son las libertades civiles?

Las libertades civiles permiten que actuemos con libertad. Podemos, por ejemplo, ir a un bar o preparar una ensalada de pasta para la fiesta del barrio. Sin embargo, nuestra libertad acaba cuando su ejercicio infringe las leyes o vulnera las libertades de los demás. Por tanto, no se aplica de forma ilimitada. La libertad no le da a nadie el derecho a encender un cigarrillo en un bar de no fumadores o a añadir eméticos a la ensalada de pasta para reírse del sufrimiento de los demás.

La virtud de las libertades civiles es que nos protegen de la intromisión del gobierno, impiden que el Estado se entrometa de forma arbitraria en nuestras vidas. Forman parte de nuestros derechos fundamentales y no pueden ser eliminadas fácilmente por el gobierno. Sin embargo, las libertades civiles no son exclusivas de los países democráticos. Las dictaduras, como la de Corea del Norte, también garantizan oficialmente a sus ciudadanos libertades civiles, como la libertad de expresión, aunque una cosa es el papel otra cosa es que se respete en la práctica.

Aunque las constituciones difieren de un país a otro, las libertades son muy similares en las democracias tradicionales. Además, casi todos los países han ratificado los tratados internacionales de derechos humanos, como la Declaración Universal de Derechos Humanos de las Naciones Unidas (DUDH). La Carta de los Derechos Fundamentales de la Unión Europea recoge los derechos y libertades fundamentales dentro de la UE, es jurídicamente vinculante para las instituciones de la UE (como la Comisión Europea), pero para los Estados miembros individuales de solo cuando se trata de la legislación de la UE.

¿Qué es lo que ha definido las libertades civiles a lo largo de la historia?

Lo que hoy damos por hecho, lo tuvieron que luchar nuestros antepasados. A lo largo de la historia, la gente ha defendido sus libertades frente a los gobernantes. Gracias a los revolucionarios franceses, en 1789 se aprobó la "Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano". Los movimientos de mujeres lograron el derecho a la educación y al voto para las mujeres.

En Europa Central y Oriental, el año 1989 fue un punto de inflexión que supuso un aumento de los derechos de la ciudadanía a la libertad. En pocos meses, los regímenes comunistas de Bulgaria, la RDA, Polonia, Rumanía, Checoslovaquia y Hungría fueron derrocados por movimientos populares. En pocos años, esto condujo a la reunificación alemana y al desarrollo de las democracias y las libertades civiles en los países del antiguo bloque soviético.

Las libertades civiles actuales y por qué no deben recortarse bajo ninguna circunstancia

Aunque en la mayoría de los Estados miembros de la UE se goza de las mismas libertades, la forma en que cada uno las articula y define en sus constituciones varía. En este texto nos centramos en los derechos fundamentales de Alemania, los "Grundrechte", que se encuentran en los artículos 1 a 19 de la Constitución alemana: la "Grundgesetz". Las libertades más conocidas son la inviolabilidad de la dignidad humana (artículo 1.1), el derecho a la vida y a la integridad física (artículo 2.2) y la libertad de culto (artículo 4.1).

En este apartado, queremos destacar cuatro libertades que tratamos mucho en Liberties: la libertad de reunión, de asociación, de expresión y prensa, y el derecho a no sufrir injerencias arbitrarias en nuestra vida privada.

La libertad de reunión (artículo 8.1) implica que los ciudadanos podemos reunirnos de forma pacífica, ya sea de forma privada o pública. Se nos permite protestar en las calles y expresar nuestra opinión, por ejemplo, sobre alguna ley o una figura pública. Las protestas pacíficas representan una valiosa contribución a la cultura de la opinión pública y el debate, a través de las cuales la gente comparte sus puntos de vista o expresa sus sentimientos hacia el gobierno y sus políticas. Asimismo, ayudan al gobierno a que comprenda mejor las necesidades y los deseos de sus ciudadanos. Por último, la protesta pacífica es una herramienta fundamental para que se escuchen las voces de las minorías en una democracia.

La libertad de asociación (artículo 9.1) nos brinda el derecho a formar asociaciones a través de las cuales podemos organizarnos y pronunciarnos conjuntamente. Las asociaciones pueden contribuir a que los políticos tengan en cuenta los intereses de la ciudadanía a la hora de tomar decisiones. Permiten que se exprese la opinión de diferentes maneras, por ejemplo, organizando manifestaciones y peticiones, o facilitando el contacto de la ciudadanía con los políticos por teléfono y correo electrónico o a través de campañas. Las asociaciones también pueden presentar una denuncia contra el gobierno si creen que está actuando de forma inconstitucional. Y, además, también son buenas para la salud.

La libertad de expresión y la libertad de prensa (artículo 5.1) nos dan derecho a expresar y difundir libremente nuestras opiniones sin temor a la censura o a consecuencias judiciales. Sin la libertad de prensa, no tendríamos acceso a información fiable. Los gobernantes y los oligarcas propietarios de grandes empresas de comunicación podrían simplemente hacernos creer lo que quisieran, lo que, por desgracia, ocurre hoy en Rusia. En un panorama mediático diversificado, obtenemos información de distintas fuentes y así formarnos nuestras propias opiniones y tomamos decisiones con conocimiento de causa, por ejemplo cuando acudimos a las urnas. Por eso es importante evitar que un puñado de personas dirija la mayoría de las empresas de comunicación. La libertad de expresión y de prensa propician una situación en la que los políticos trabajen más en beneficio de los ciudadanos. Por ejemplo, cuando pueden informar bien, los medios de comunicación independientes y los periodistas de investigación obligan al gobierno a emplear el dinero de los impuestos de la manera más correcta y justa posible. Una forma de garantizar que la sociedad pueda escuchar diferentes opiniones es exigir a las emisoras públicas que incluyan en sus programas a personas con distintos puntos de vista y formación.

Cuando se trata de la protección de datos y de nuestra intimidad, es un poco más complicado. La Constitución alemana, curiosamente, no incluye un artículo dedicado al derecho a la no injerencia arbitraria sobre nuestra intimidad. En su lugar, se garantiza nuestra intimidad a partir de la combinación de distintos derechos fundamentales, como el de la dignidad humana, el libre desarrollo de la personalidad (artículo 2.1), la inviolabilidad del domicilio (artículo 13.1) y el secreto de la correspondencia, el correo y las telecomunicaciones (artículo 10.1). En la Carta de la UE es mucho más sencillo: el Artículo 7 garantiza a la ciudadanía "el derecho al respeto de su vida privada y familiar, de su domicilio y de sus comunicaciones".

¿Las libertades civiles en peligro?

Aunque nuestras libertades no pueden perder su validez de un día para otro sin ningún motivo, el Estado puede restringirlas si lo considera necesario, por ejemplo, si peligra la seguridad del Estado. En los últimos años, especialmente desde el comienzo de la pandemia, muchos gobiernos han tomado medidas que han cambiado nuestras vidas. A vecesde forma legítima, pero a menudo han traspasado los límites. Nuestros derechos se ponen regularmente a prueba.

El derecho de reunión pacífica está restringido en algunos países de la UE. También en Alemania, o más bien en Renania del Norte-Westfalia, se aprobó en 2021 una nueva ley de reunión que podría ahuyentar a algunas personas de las manifestaciones porque, por ejemplo, la policía tiene ahora derecho a filmar a los manifestantes con drones. Algunos gobiernos aprovecharon la pandemia como excusa para restringir o prohibir temporalmente el derecho a manifestarse. Aunque es comprensible que se hayan introducido nuevas medidas para contener la pandemia, no debe llevarse tan lejos. Una prohibición general de las protestas, por ejemplo, es una medida desproporcionada. En Hungría, sin embargo, el gobierno introdujo tal prohibición y amenazó con multas masivas en caso de infracción. En Grecia, se prohibieron muchas protestas y las que se celebraron fueron objeto a menudo de violencia policial excesiva y detenciones arbitrarias. Mientras tanto, en el Estado español, el Tribunal Constitucional dictaminó a finales del año pasado que los toques de queda y las prohibiciones de reunión eran inconstitucionales.

Asimismo, la libertad y la diversidad de los medios de comunicación están sometidas a gran presión en muchos países de la UE. En algunos, los gobiernos utilizan tácticas sofisticadas para controlarlos. Por ejemplo, intentan hacerse con el control de la radiotelevisión pública colocando a personas cercanas al gobierno en puestos estratégicos. A menudo, también cuentan con el apoyo de un pequeño número de ricos empresarios que comparten la misma agenda política. Estos compran medios de comunicación privados y persiguen y denuncian a los periodistas que critican al gobierno.

Los límites de la intrusión en nuestra vida privada también se ponen a prueba cada día. Las nuevas tecnologías de vigilancia podrían, en teoría, permitir que los gobiernos nos espíen a todas horas. En el ámbito de la UE, se ha espiado a periodistas, activistas de derechos humanos y políticos mediante el conocido software de espionaje Pegasus. En junio de 2021 se aprobaron en el Bundestag dos leyes que permiten a los 19 servicios de inteligencia alemanes hackear nuestros teléfonos inteligentes y ordenadores con troyanos estatales, aunque no hayamos cometido ningún delito ni seamos sospechosos de ello. Estas leyes se aprobaron a pesar de las protestas masivas y las críticas de las asociaciones de derechos humanos y de protección de datos.

No podemos quedarnos de brazos cruzados mientras nuestras libertades son atacadas. Es cierto que a menudo nos sentimos indefensos ante estas amenazas. Pero todo el mundo puede hacer algo para proteger estas libertades. Es importante informarse y votar. Pero lo que ocurre entre una elección y otra es igual de importante. Podemos ir a manifestaciones, firmar peticiones, unirnos a asociaciones y apoyar económicamente a organizaciones que defienden nuestras libertades. Pero todo empieza por comprenderlas, reconocer su importancia y aprender a valorarlas.

Queremos vivir en una sociedad en la que podamos decir y escribir libremente lo que pensamos, sin temor a que las autoridades estatales nos penalicen o censuren. Queremos tener derecho a protestar pacíficamente contra las leyes que son contrarias a nuestros intereses o a los del conjunto de los seres humanos. Queremos poder participar en la vida política y tomar decisiones independientes sobre nuestro futuro y el de nuestros hijos. Estas libertades y muchas otras están protegidas por las libertades civiles. Nuestros antepasados lucharon mucho por ellas a lo largo de muchas generaciones y, a pesar de ello, constatamos que pueden volver a restringirse. Por eso hay que reconocerlas, valorarlas y protegerlas.

Para más información sobre derechos humanos y democracia en Europa, escuche Speechbag, nuestro podcast mensual:

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