Democracia y Justicia

Exclusión social: definición, impacto, ejemplos y oportunidades futuras

Todos queremos vivir en una sociedad que brinde a todas las personas las mismas oportunidades, donde se escuche nuestra voz y podamos vivir felizmente. Desgraciadamente, muchas personas viven privadas de derechos humanos, oportunidades y recursos.

por LibertiesEU

La integración de Europa, la creación de un bloque único cuyo objetivo es promover las libertades y la calidad de vida de todos los europeos, ha sido un logro asombroso del último siglo. Pero a pesar de este esfuerzo común para crear una Europa mejor, la exclusión social sigue siendo un problema enorme, si no creciente. Y para hacer realidad la Europa que queremos, es preciso aumentar nuestras medidas contra la exclusión social. Al margen de que suframos o no directamente exclusión social, erradicarla supone una mejora para todos, pues nos permitirá crear las sociedades libres, justas y prósperas en las que todos queremos vivir.

¿Qué es la exclusión social?

La exclusión social es una situación en la que no todas las personas tienen el mismo acceso a las oportunidades y servicios que les permiten llevar una vida digna y feliz: desde no poder participar y que se escuche su voz sobre las normas de la sociedad en la que viven, a no acceder a servicios e infraestructuras básicas como la electricidad y el agua corriente, la educación pública, la sanidad o el sistema de bienestar social.

Se puede pensar en ello como si se tratara de una red eléctrica que conecta varias partes de la sociedad entre sí, proporcionando un enlace para que una parte de la sociedad disfrute de los mismos beneficios que los otros segmentos de la sociedad. La exclusión social se refiere a las zonas excluidas, es decir, las comunidades que no están conectadas a la red y no pueden disfrutar de los mismos beneficios y oportunidades que las demás. Estas suelen denominarse "marginadas", y "marginación social" es otro término utilizado para describir la exclusión social.

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En teoría, todas las personas tienen una serie de derechos que deberían evitar estos apagones. Los derechos humanos otorgan a todo el mundo el mismo derecho a tener voz, a ser tratado con igualdad ante la ley y a participar en el debate público sobre la sociedad en la que viven. Y los derechos sociales, como la sanidad y la educación, pretenden garantizar que todo el mundo tenga la oportunidad de acceder a las mismas oportunidades y servicios básicos que están disponibles para cualquier otra persona. Pero cuando no se protegen estos derechos, o cuando algunos gobiernos trabajan activamente para denegarlos, se producen los apagones.

¿Qué tipos de exclusión social existen?

La exclusión social puede producirse de muchas maneras y a distintos niveles. A menudo, sin embargo, existe un vínculo que conecta el hecho de sufrir exclusión en un ámito de la vida con estar excluido en otro. Por ejemplo, existe exclusión social cuando a ciertos grupos se les niega el mismo acceso a la educación que al resto de la sociedad. Pensemos en el pueblo gitano, por ejemplo, de muchos países. La falta de acceso a la educación les impide a su vez obtener las cualificaciones necesarias para lograr un buen empleo. Y la cosa no queda ahí, pues les impide encontrar un buen hogar donde poder formar una familia. Así que su exclusión del sistema educativo tiene un efecto dominó que los excluye de otras partes fundamentales de la sociedad. Este efecto y la falta de oportunidades para superarlo asimismo significan que la exclusión social a menudo se extiende de generación en generación, dejando permanentemente fuera de la red y excluidos a ciertos grupos.

Las personas pueden ser excluidas de la sociedad por varias razones. A menudo es porque pertenecen a un determinado grupo étnico o minoritario que sufre discriminación en su sociedad, pero también puede deberse a la forma de ser e identificarse de alguien. Las personas LGBTQI se han enfrentado durante mucho tiempo a una discriminación que ha afectado a su posibilidad de conseguir un empleo o incluso de acceder a ciertos lugares, como bares y restaurantes. Estos casos de exclusión social son en su mayoría consecuencia de discriminación directa.

Pero la discriminación indirecta también genera exclusión social. Las personas con discapacidad suelen quedar excluidas de la sociedad por fallos de infraestructuras básicas, como edificios sin ascensores o rampas. Esto, que para algunas personas puede pasar desapercibido, puede impedir que estas personas participen en la vida pública, compartan sus opiniones sobre cuestiones importantes o incluso voten y tengan voz en el futuro de su sociedad.

Asimismo, algunas normas que pueden parecer justas a primera vista también pueden ser causa indirecta de discriminación. Los trabajadores a tiempo parcial cobran menos que los trabajadores a tiempo completo, y a menudo obtienen menos beneficios, como salud y bienestar. Aunque esto pueda parecer justo, hay que tener en cuenta que las mujeres son mucho más propensas que los hombres a tener trabajos a tiempo parcial. O que los trabajadores de la economía colaborativa son mayoritariamente minorías étnicas. Así que las regulaciones laborales que no discriminan directamente a ciertos grupos, sin embargo, causan o exacerban la discriminación y la exclusión social.

Pobreza y exclusión social: ¿van de la mano?

A menudo, las personas excluidas socialmente también viven en la pobreza. Si no puedes permitirte cosas básicas como la comida, la ropa o un lugar donde vivir, o no puedes moverte en transporte público cuando lo necesitas o acceder a la atención sanitaria cuando estás enfermo o lesionado, probablemente también estés excluido de participar en muchas cosas de la sociedad. Y es cierto que las minorías étnicas están, en general, en peor situación económica que la mayoría. Las minorías étnicas tienen más dificultades para acceder a un empleo remunerado, a buenos colegios, a un buen nivel de vivienda o a centros sanitarios bien equipados y con personal suficiente. Así que la discriminación, tanto directa como indirecta, provoca la pobreza de las minorías étnicas con más frecuencia que la de otros grupos.

Pero es posible ser pobre de ingresos pero no vivir en la exclusión social. Las sociedades con un sistema fiscal redistributivo suelen ofrecer servicios públicos mejores y más accesibles. Proporcionar cosas como el acceso gratuito al transporte público, la sanidad o los locales sociales puede evitar que las personas que viven en la pobreza económica sufran exclusión social. Algunos países incluso están probando ideas como la renta básica universal, que también podría ayudar a sacar a la gente de la pobreza económica y de las formas de exclusión social ligadas a la pobreza.

¿Cómo afecta la exclusión social a la vida de las personas? ¿Hásta dónde llega su impacto?

Es evidente que la exclusión social puede tener un gran impacto en la vida de las personas. Hemos analizado varias ejemplos que lo demuestran. Y el hecho de que la exclusión de un área de la vida pueda estar relacionada con la exclusión de otra área de la vida subraya el impacto de esta en la vida de una persona. Si no puedes enviar a tus hijos a una buena escuela, o siquiera a la escuela, es posible que no puedan conseguir un buen trabajo. Si no puedes acceder a una buena atención sanitaria, puedes ser que enfermes y tengas que dejar tu empleo, sumiéndote en la pobreza económica.

En estos casos, resulta aún más difícil cambiar el statu quo. Cuando estás excluido socialmente, tienes más dificultades para que se escuche tu voz, y quienes detentan puede que no tengan muy en cuenta tu opinión acerca de sociedad y las leyes que la rigen. Incluso puede dificultar el voto, la forma más básica de influir en el futuro camino de la sociedad. Esto puede deberse a la exclusión social, pues llegar a un colegio electoral puede llevar demasiado tiempo o ser demasiado costoso, o a la discriminación directa, que omite a ciertos grupos étnicos en las listas de votantes o no realiza un recuento correcto en el censo.

Ejemplos de exclusión social en la vida cotidiana

Hemos visto algunos ejemplos de exclusión social, pero es importante ser consciente de lo "cotidiana" que es. Un buen ejemplo son los edificios que solo tienen escaleras. O los propietarios de bares y restaurantes que no atienden a personas LGBTQI. La exclusión social también es un hecho cotidiano en la educación. Algunas escuelas excluyen a personas de determinados grupos étnicos o religiosos, o deniegan el acceso a una persona con una discapacidad. La exclusión social también se produce en el ámbito policial. Cuando la policía centra sus esfuerzos en comunidades concretas, estas se enfrentan a una sospecha indebida y es más probable que estén más representadas en los índices de delincuencia en la sociedad, aunque en realidad no haya más delincuencia en esas comunidades que en otras. Como consecuencia, muchos propietarios de vivienda serán menos propensos a alquilar su casa a personas de estas comunidades.

Situación actual: ¿cómo se gestiona la exclusión social en el mundo?

La situación varía radicalmente de un país a otro. Las sociedades con gobiernos más progresistas tienden a sufrir menos exclusión social. Por ejemplo, el sistema fiscal de los países escandinavos ha creado unos sistemas de bienestar envidiables que favorecen que comunidades e individuos que de otro modo se enfrentarían a la exclusión social puedan tirar para adelante. Otras pequeñas iniciativas, como la de Berlín, que permite a las personas sin hogar utilicen el sistema de transporte público gratuitamente, también contribuyen a evitar la exclusión social.

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Pero en demasiados países, la exclusión social sigue siendo un gran problema. Y se ha exacerbado con el auge de los populismos autoritarios. Para ellos, la exclusión social forma parte de su caja de herramientas. Se aprovechan de la exclusión social para dividir a las clases trabajadoras en función de la raza y alentar el odio hacia las minorías, a las que culpan de problemas como la pobreza, creando así chivos expiatorios a los que culpar de sus propios fallos, y generando un sentimiento de miedo que puede ser un motor útil durante las elecciones.

¿Cómo luchar contra la exclusión social?

Para luchar contra la exclusión social, es preciso construir sociedades más inclusivas. Las políticas y reglamentos pueden contribuir a ello. La creación de un salario mínimo básico que saque a las personas de la pobreza económica tendrá un efecto dominó que puede sacarlas de la exclusión social en otros ámbitos. Un sistema fiscal con un sistema de bienestar social sólido puede permitir que grupos socialmente excluidos accedan a los mismos servicios básicos que los demás. Y pueden ayudar a garantizar que aquellas personas que sufren dificultades importantes, como una enfermedad o una lesión, tengan la red de seguridad necesaria para evitar caer en la exclusión social.

Asimismo, es importante garantizar que los gobiernos se preocupen por los grupos socialmente excluidos: endurecer las normas relativas a los lobbys, cerrar los vacíos legales que favorecen la corrupción y apoyar a las organizaciones de la sociedad civil que ayudan a las personas a participar en la vida cotidiana y en el debate público son cosas que ayudarán a acabar con la exclusión social. Al fin y al cabo, todos queremos vivir en una sociedad que nos brinde las mismas oportunidades que a cualquier otra persona para que se escuche nuestra voz y poder vivir felizmente.