Cuerpos bajo sospecha: el coste humano del uso policial del perfil racial

Un informe que expone a través de experiencias personales cómo el uso de los perfiles raciales es una practica policial habitual en España y propone medidas para atajarlo.

Rights International Spain (RIS) en colaboración con Open Society Justice Initiative (OSJI) han presentado “Bajo sospecha: el impacto de las prácticas policiales discriminatorias en España” un informe que describe la realidad del impacto humano del uso de perfiles raciales en España a través de las historias y experiencias de personas para quienes los controles y registros policiales motivados por su apariencia forman parte de su vida. El informe recoge testimonios de personas entrevistadas en diferentes puntos del país y expone las múltiples consecuencias que genera esta práctica policial.

Una de esas personas entrevistadas es Mamadou Moustapha quien explica cómo viviendo en el barrio de San Francisco (Bilbao) eran frecuentes los controles por perfil racial, “entró [en casa] uno de los compañeros de piso y me dijo que había sido identificado otra vez, yo le respondí que en esa mañana me habían parado también, pero es que en la noche vino otro compañero y me dijo que a él también le habían parado. Nos preguntamos que por qué nos identifican todo el rato”. Como hemos explicado antes, esta actuación policial se enmarca dentro de lo que se conoce como las paradas por perfil racial, según la cual los agentes de policía no te paran por indicios razonables de que hayas cometido un delito o te hayan sorprendido en su comisión, sino que te paran, identifican y registran para que demuestres tu inocencia convirtiendo tu cuerpo en portador de una sospecha.

En Ciudad Lineal, ha sido recientemente eliminado por el nuevo consistorio el protocolo de Identificaciones Policiales Eficaces (PIPE) implementado en la Policía Municipal, una herramienta que tenía entre sus fines acabar con la discriminación en las identificaciones policiales. Durante siete meses había permanecido en fase piloto (noviembre-mayo) con la intención de extenderse a los demás distritos de Madrid. El PIPE, que se sigue implementando en ciudades como Fuenlabrada donde entró en marcha el año 2008, tiene como finalidad la mejora de los procedimientos de acción en esta materia y garantizar los derechos de una sociedad diversa mediante el uso de formularios que han de rellenar los agentes durante su jornada y que permiten obtener datos sobre la forma en que se realizan las identificaciones en vía pública y carretera, para medir si se ejerce una presión desproporcionada sobre determinados grupos.

A aquellos a los que la policía no les para con frecuencia, verse sometidos a un control de identidad les puede parecer una experiencia anecdótica. Si no has hecho nada, piensan, enseñas la documentación al agente y sigues tu camino. Sin embargo, el informe muestra una realidad diferente para quienes están en el punto de mira por su apariencia racial. El uso de perfiles lanza a quienes encajan con ellos el mensaje inequívoco de que no forman parte de la norma, son peligrosas y se les debe controlar. Una experiencia que tiene un impacto profundo en el sentido de pertenencia de los individuos pues “da igual lo que hagas, nunca formarás parte de la sociedad”, se explica en la investigación.

“Hay chicos con veinte años que no salen de su zona de confort. Hay una frontera imaginaria, es donde se sienten a gusto y salir de ella es impensable. Si no salen de su zona de confort, sus limitaciones laborales disminuyen a la nada. Influye en todo”, explica Alfonso Amaya quien trabaja con una asociación para jóvenes gitanos del barrio de Sant Roc, en Badalona. Desde la otra óptica participa en las entrevistas David Garfella Gil, inspector de la policía local en Valencia y quien señala que “en ocasiones se dan identificaciones donde ni van a ocurrir ni ocurren delitos para que la población mayoritaria se sienta segura”.

Una de esas personas identificadas es Malick quien narra en el informe una de las identificaciones que más le han marcado, “fue a las 7.00 de la mañana yendo a trabajar. Subí en la estación de metro de Tribunal (Madrid), con todo el mundo, por las escaleras, corrieron cuatro policías secretas a por mí y me agarraron. Me dijeron que estaban buscando un chico negro”. Con su testimonio empieza el vídeo que acompaña el informe publicado. “Te paran porque eres negro. Te paran, te registran delante de todo el mundo, te humillan”, añade. Una experiencia vergonzante y humillante para quien la sufre y que conlleva la pérdida de tiempo mientras los agentes hacen las comprobaciones. Ese día, Malick llegó 30 minutos tarde al trabajo.

Isabelle y Esther Mamadou también conocen de primera mano las consecuencias de las paradas por perfil, en septiembre de 2017 se encontraban en Lavapiés (Madrid) junto a otros representantes de diferentes organizaciones por los derechos humanos cuando fueron testigos de una identificación por perfil a varias personas negras. Decidieron intervenir, recibiendo insultos sexistas y racistas por los agentes de Policía Nacional. Ese día acudían a impartir una formación sobre el uso del perfil racial por parte de la policía. “Lo que te viene son sentimientos de indefensión, la sensación de vivir una situación embarazosa, porque el resto de la gente se para a mirar, y te sientes totalmente sola. Tienes la certeza de que nadie intervendrá si pasa algo. Sientes inseguridad e impunidad”, describe Esther, un sentimiento acompañado de miedo e impotencia ante la incapacidad de responder.

También Mamadou Moustapha describe un sentimiento de mucha inseguridad y desprotección, otra de las consecuencias directas es la percepción del espacio público, “a la hora de salir te afecta, piensas que lo mejor es quedarte en casa, pero eso no te ayuda porque al final tienes que buscarte la vida en la calle y en el espacio público”. Algo en lo que coinciden Ngoy Ngoma, quien comenta que evita pasar por ciertos espacios, “aquí, en Valencia, la parada de autobús grande ya no la transito, prefiero pasar por la zona del río, aunque eso suponga mancharme las zapatillas. He sido expulsado del espacio público”. Para Delia Servini, ser identificada en una redada fue el inicio de un periplo que le generó antecedentes policiales por su situación administrativa irregular, acabó en el CIE y con varios intentos de expulsión. Recuerda cómo apenas salía a la calle, “las pocas veces que salía, utilizaba el taxi. Generalmente me quedaba en el trabajo. Salía dos horas en los descansos del trabajo los domingos. Estuve encerrada cuatro años, esclavizada, por lo que me generó el control policial”.

Cómo avanzar

En la presentación del informe también ha participado Mimoun Amrouni, representante de la Mesa por la Convivencia de Fuenlabrada, quien señaló los tres elementos que han permitido el éxito del PIPE en esta localidad: la voluntad política, la convicción institucional por parte de la policía y el compromiso de la sociedad civil. Afirma que lo que ha facilitado que el proyecto tenga recorrido ha sido la consolidación de la confianza entre todas las partes. En este sentido, el informe no se limita a describir una realidad, también hace una serie de recomendaciones para abordar el perfilamiento racial. Una de las herramientas aconsejadas son los formularios de identificación que en Fuenlabrada han conseguido reducir la desproporcionalidad en esta práctica policial. En otras regiones de España, gobiernos tanto conservadores como progresistas también han adoptado el PIPE, reconociendo que la acción policial basada en datos empíricos es más justa.

Entre las recomendaciones que se señalan, hay una fundamental, el reconocimiento explícito de que se utiliza el perfil racial. La negación constante de este hecho no solo perpetúa prácticas injustas, sino que constituye una negación de las experiencias de personas como las que han compartido sus vivencias a lo largo del informe. A su vez, se recomienda la prohibición explícita por ley del uso de perfiles, estableciendo límites claros a los poderes policiales de parar y registrar a las personas. El mejor modo de supervisar y afrontar estas prácticas en la acción policial es basándose en datos empíricos objetivos, obtenidos gracias a la documentación de los controles policiales. Es preciso asimismo fortalecer las garantías y mecanismos de denuncia con la creación de cauces más accesibles y efectivos, creando un mecanismo de supervisión policial independiente, especializado y accesible.