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Activistas: cómo no hablar sobre leyes tóxicas

Los políticos utliizan con astucia distintos marcos discursivos para convencer a los votantes a que apoyen leyes que perjudican sus propios intereses, por ejemplo, la nueva ley de odio de Orbán vilipendia a las personas en función de a quién aman.

por Israel Butler & Valentin Toth
Liberties pride

Los comunicadores políticos saben que el lenguaje que utilizamos influye en nuestra mirada sobre un problema y en las soluciones que apoyamos. Por ejemplo, los experimentadores descubrieron que cuando la delincuencia se describía como algo "monstruoso", los participantes eran más propensos a favorecer una política represiva dura. En cambio, cuando se describía como un "virus", los participantes apoyaban en general políticas de reforma social. Los políticos frecuentemente emplean marcos de discurso para convencer a los votantes de que vayan en contra de sus propios intereses. Los activistas sin embargo, pueden responder replanteando el debate en sus propios términos en lugar de repetir los mensajes de nuestros oponentes.

Incluso el nombre de la legislación puede ser decisivo

En ocasiones, los políticos eligen cuidadosamente un nombre o una abreviatura para nombrar una ley o política para encender a su base y bloquear cualquier posible intento de la oposición de transmitir un mensaje distinto.

Pensemos por ejemplo en el recientemente aprobado Reglamento de la UE sobre "contenido terrorista", al que a menudo se hace referencia en las redes sociales como #TERREG. Las organizaciones de derechos digitales, incluida Liberties, criticaron la propuesta porque sus disposiciones son tan amplias que probablemente amordacen la libertad de expresión y el debate público en Internet. Pero cada vez que una ONG criticaba la propuesta por sus previsibles deficiencias, casi automáticamente teníamos que desviar la atención de nuestro mensaje añadiendo el calificativo de que apoyamos la lucha contra el terrorismo. En lugar de centrar nuestro mensaje en explicar por qué Internet es una herramienta fundamental para la democracia, en general, el activismo acababa reiterando el mismo marco de discurso de la UE: que esta ley combatiría el terrorismo. A la vez que se defendían por proteger la libertad de expresión.

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La etiqueta que se le dio a la propuesta no es casual: esta ley lucha contra el terrorismo. ¿Y quién va a estar en desacuerdo con eso? La etiqueta la repiten los medios de comunicación que informan sobre lo que dicen los políticos. Asimismo, el activismo cuando la cuestiona también repite el título, sin darnos cuenta de que no es una etiqueta neutral: está enmarcada. Al final, tanto partidarios como periodistas y opositores enfatizaron el marco de que esta (torpe) ley contra el terrorismo. En lugar de ello, los opositores podrían haberse concentrado en reetiquetar la ley, destacar lo importante que es una Internet libre para nutrir todo lo que valoramos, y desplazar el hashtag #TERREG como único punto de referencia en las redes sociales.

El lingüista cognitivo George Lakoff analiza cómo el Partido Republicano en Estados Unidos ha invertido mucho en grupos de reflexión y formación para desarrollar y popularizar sus marcos. Entre los ejemplos que estudia está la forma en que George W. Bush enmarcó los recortes de impuestos para quienes ganan más como "alivio fiscal", como si los impuestos fueran una carga o una aflicción, en lugar de una inversión en la sociedad. Cuando el Partido Demócrata criticó el "alivio fiscal" en realidad contribuyó a afianzar esta idea de que los impuestos son una suerte de carga injusta, pues no hicieron más que repetir el mismo marco.

No tenemos por qué argumentar desde el marco de nuestro oponente. Un reencuadre eficaz puede revertir la situación, si logramos imponer un nuevo marco. Por ejemplo, cuando la "tasa comunitaria" de la primera ministra de Reino Unido, Margaret Thatcher, fue reenmarcada como el impopular "impuesto electoral".

El gobierno húngaro domina los marcos

Recientemente, el gobierno autoritario de Hungría presentó un proyecto de ley que fue aprobado por el parlamento sin mayor problema. Orbán lo enmarcó como una ley para proteger a la infancia de los pedófilos. Cada vez que un opositor, un periodista independiente o un gobierno extranjero criticaba la ley señalando que "no es una ley para proteger a los niños de los pedófilos", afianzaba el encuadre del gobierno. ¿Por qué? Por la forma en que funciona nuestro cerebro. Si te digo que no pienses en un elefante, ¿en qué piensas? Si te digo que no soy un delincuente, ¿qué piensas? Negar directamente un marco acaba reforzándolo en nuestra mente. Así que, pensamos que estamos señalando que una ley discrimina a las personas LGTBQ, nuestro público está pensando inconscientemente que se trata de una ley contra la pedofilia.

Entonces, ¿cómo replanteamos la forma de hacer crítica? En primer lugar, hay que empezar afirmando lo que se defiende: ¿cuál es la causa y por qué debería importarle a los demás? En este caso concreto, podría ser recordar a nuestro público, por ejemplo, que el amor, que es una experiencia que la mayoría de las personas han vivido, es una experiencia humana común, independientemente de quién nos atraiga, en la que queremos compartir tiempo y estar cerca de quien queremos. En segundo lugar, señalar lo que realmente está sucediendo. El régimen autoritario de Hungría no ha cesado de fabricar fantasmas que supuestamente atacan la seguridad, la economía o la cultura del país. Antes eran las personas que emigran, los filántropos, la UE. Ahora son las personas LGBTQ. ¿Por qué? En parte para jugar con su propia base. Pero la creación de chivos expiatorios también favorece la división y la distracción. Dividir a los votantes entre sí por diferencias irrelevantes, para que no se unan contra ti y exijan el fin de la corrupción y una inversión adecuada en los servicios públicos. (Y en este caso, se trata de dividir a la caleidoscópica coalición de la oposición política utilizando un tema que genera tensión antes de las elecciones). En tercer lugar, vuelve a tu mensaje principal antes de decirle a la gente lo que puede hacer para mostrar su apoyo. Esta estructura básica para hacer frente a las campañas de odio y desinformación política se ha denominado "sándwich de la verdad".

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Es preciso que tanto periodistas como activistas se detengan y reflexionen sobre los términos que utilizan en sus reportajes y campañas. En una época en la que algunos políticos se dedican a engañar deliberadamente y a difundir odio, los periodistas deben preguntarse si la forma en que transmiten sus mensajes o utilizan las palabras contribuye realmente a educar e informar al público. Y los activistas tienen que empezar a focalizar sus mensajes para destacar lo que defienden, en lugar de lo que rechazan.