Democracia y Justicia

Una ola de hostilidad creciente amenaza a las organizaciones italianas de derechos humanos

Los defensores de derechos humanos en Italia están sufriendo amenazas a su trabajo y seguridad personal, mientras los políticos y los medios de comunicación promueven un clima de miedo y xenofobia.

por Jonathan Day

A principios de febrero, un hombre de extrema derecha en la ciudad de Macerata inició un tiroteo contra un grupo de personas de origen africano e hirió a seis de ellas. El incidente es el ejemplo más visible de la creciente hostilidad contra los migrantes y contra las organizaciones humanitarias y de derechos humanos que les prestan ayuda. Esta hostilidad, alimentada por los políticos y los medios de comunicación, perjudica la credibilidad de las organizaciones de derechos humanos y les dificulta el desempeño de su trabajo. Esto se conoce como "la reducción del espacio" para las organizaciones de la sociedad civil.

El problema de la reducción del espacio es cada vez más grave en Italia, que tras las elecciones del 4 de marzo y cuando concluyan las negociaciones, formará un gobierno de populistas autoritarios. La inmigración fue el tema más importante de la campaña, de la misma forma que ha ocupado los titulares nacionales durante más de un año.

Ataques a migrantes y a defensores de derechos humanos

Las organizaciones no gubernamentales (ONG) que trabajan en Italia en cuestiones de migración han sido cada vez más objeto de todo tipo de ataques en los últimos años. Algunos viene en forma de restricciones normativas diseñadas para obstruir su trabajo; otros ataques son casos de intimidación o directamente violencia abierta contra activistas y sus organizaciones.

Apenas tres semanas después del tiroteo de Macerata, unos desconocidos lanzaron un ladrillo contra la puerta de cristal de la oficina del Gruppo Umana Solidarietà, una ONG con sede en Macerata que trabaja por la integración de los refugiados. No fue, ni mucho menos, la única agresión contra ONG que ha tenido lugar el año pasado.

The front window of GUS's office following the attack. (Image: GUS)

En mayo de 2017, durante un festival sobre cultura e integración organizado por varias ONG y la municipalidad local, cerca de una docena de jóvenes de extrema derecha de la incipiente organización extremista el Movimiento Nacional por la Soberanía interrumpieron los eventos para corear consignas de odio y gritar obscenidades a los asistentes al festival. Estuvieron de 10 a 15 minutos y luego huyeron justo cuando llegó la policía.

Otras ONG han sufrido agresiones por internet. En el verano de 2017, Naga, una organización que trabaja ayudando a las personas que llegan a Italia a superar las barreras administrativas que les impiden iniciar una vida en su nuevo hogar, fue víctima de un ataque coordinado contra su página de Facebook. En el transcurso de un día, su página se inundó de comentarios racistas y discurso de odio. Un comentario incluso acusaba a Naga de racismo porque la organización no centra su trabajo en los italianos.

"Estos ataques nos parecen muy peligrosos", señaló un portavoz de Naga a Liberties. "Lo que realmente está siendo objeto de ataques no es una organización concreta, sino nuestros principios básicos, nuestras creencias como seres humanos. Ayudar a alguien que se está ahogando parece una obviedad, pero en este momento no lo está siendo".

El código

En julio de 2017 el gobierno italiano elaboró un "código de conducta" para las ONG que trabajan en el Mediterráneo cuyo objetivo es evitar que las personas que emprenden el viaje a través del mar tengan una llegada relativamente segura a Europa. El código dificulta significativamente el trabajo de rescate marítimo de las organizaciones humanitarias de dos formas. En primer lugar, les ahoga a base de múltiples requisitos legales y burocráticos que desvían recursos y supone una pérdida de tiempo importante. Les obligan a denunciar todo lo que pueda considerarse un delito; deben obtener un certificado de "aptitud técnica" antes de realizar nuevas operaciones de rescate marítimo; están obligadas a declarar sus fuentes de financiación y a admitir a bordo a agentes de policía que supervisen constantemente sus operaciones.

En segundo lugar, el código restringe la zona en la que tienen permiso para trabajar y les obliga a mantenerse alejadas de la Guardia Costera libia, que "rescata" a los migrantes y los lleva de vuelta a Libia, donde les espera tortura y esclavitud. El código introduce una "prohibición absoluta" de entrada a aguas territoriales libias a todas las embarcaciones de ONG. A pesar de que, en teoría, la idea de que sea la autoridad nacional competente la que patrulle su propio territorio, es buena, en la práctica no lo es, pues dicha autoridad abusa y tortura activamente a quienes pretende rescatar.

Seis de las ocho ONG que participan en operaciones de salvamento marítimo, entre ellas Médicos sin Fronteras (MSF) y Sea-Watch, se negaron a firmar el código de conducta y han continuado su labor en el Mediterráneo. Estos últimos lo calificaron de "enormemente ilegal", mientras que el director de la Oficina Europea de Amnistía advirtió que el código "pone en peligro miles de vidas". (Desde entonces, Sea-Watch ha firmado una segunda versión enmendada del código de conducta que no contiene la mayoría de las disposiciones de la primera versión.

Atar las manos a Open Arms

El 19 de marzo de 2018, un barco de rescate de la organización española Proactiva Open Arms, que realiza operaciones de salvamento marítimo en el Mediterráneo, fue incautada por las autoridades italianas en el puerto de Pozzallo, Sicilia.

El barco, que transportaba a más de 200 migrantes rescatados, acababa de atracar en el puerto cuando la policía detuvo a tres de sus tripulantes y tomó el control del mismo. Los miembros de la tripulación fueron detenidos por hacer caso omiso a las órdenes de las autoridades italianas, que les exigieron -durante el rescate- que entregaran a los migrantes a las autoridades libias. Si la tripulación hubiera seguido la orden, les hubieran expuesto a la posibilidad de sufrir tortura.

Este video muestra los momentos culminantes del rescate de Open Arms que precedieron a la captura del barco:

A pesar de que las autoridades italianas liberaron el barco hace unos días, la fiscalía sigue considerando la posibilidad de acusar a la tripulación. Si finalmente presentan cargos contra ellos, enviarán un mensaje terrible al resto de las organizaciones de rescate y podría disuadir a muchos rescatadores de seguir cumpliendo su labor, por temor a ser procesados. Es decir, un juicio a los rescatadores podría costar, literalmente, muchísimas vidas.

Campañas de difamación

Los medios de comunicación también juegan un papel importante a la hora de reducir el espacio de las organizaciones de la sociedad civil para obstaculizar su labor. La prensa italiana difamó a las ONG de salvamento marítimo, acusándolas de ir en contra de los intereses de la nación. Estas campañas son especialmente perjudiciales, pues tienen un impacto sobre las donaciones. Cuando se ataca y utiliza a las ONG como chivo expiatorio, se reducen las donanciones. Y a pesar de que las donaciones de particulares suelen ser pequeñas, en su conjunto ascienden a millones de euros. Según el periódico italiano La Stampa, las ONG italianas temen que las donaciones privadas puedan caer entre un 5 y un 10 por ciento. MSF ya ha sufrido una caída de cuatro millones de euros en la última mitad de 2017, en comparación con los seis meses anteriores.

Otras ONG señalan que el daño que causan estos ataques a su reputación es tan dañino como el económico. Francesco Petrelli, de Oxfam Italia, dijo a La Stampa: "Lo que más perjudica es el daño a la reputación. Para nosotros, el problema no es perder dinero, sino perder credibilidad".

Las principales agencias de noticias también dieron una publicidad importante a un bloguero de 23 años que publicó vídeos caseros replicando como un loro el bulo de que las ONG de rescate marítimo estaban conspirando traer ilegalmente al mayor número posible de refugiados a Italia. Los videos se hicieron virales, y uno de ellos recibió más de dos millones de visitas en YouTube. Aunque algunos señalaron que lso vídeos eran sesgados y sus fuentes dudosas, no impidió que las agencias de noticias los difundieran, concediéndole así una mayor legitimidad y fomentando que la gente pudiera pensar que la información es real y fiable.

Todas estas calumnias tuvieron todavía más recorrido gracias a que ni los partidos de izquierda ni los de derecha, denunciaron claramente los relatos falsos sobre las organizaciones humanitarias. No solo se negaron a defender públicamente a las ONG, sino que además, en mayor o menor medida, ellos mismos han utilizado a los migrantes como chivo expiatorio, en su intento de ganar votos o captar la atención. El líder de un partido de extrema derecha llegó incluso a sugerir el asesinato en masa, cuando afirmó que Italia "necesita una limpieza masiva, calle por calle, barrio por barrio... mediante el uso de la fuerza si fuese necesario".

Las elecciones y más allá

Las elecciones del 4 de marzo fueron decepcionantes para cualquier persona que crea que los seres humanos tienen derecho a la dignidad y deben recibir protección contra la persecución. El resultado ha producido una situación bloqueada, en la que varios partidos de extrema derecha negocian para formar un gobierno. Las organizaciones de derechos humanos ya sufren amenazadoa, y estas se intensificarán bajo el nuevo gobierno.

Ahora más que nunca, necesitan apoyo. A instancias de Liberties, la UE está respaldando la idea de crear un fondo para apoyar económicamente a las organizaciones que defienden los derechos humanos y la democracia en la UE. Pero también necesitan el apoyo de la sociedad. Los ciudadanos italianos que valoran las libertades civiles deben dar todo su apoyo a estas organizaciones. Puede ser económico, u ofreciéndose como voluntario y partiicpando de las mismas, o simplemente rechazando el odio y la intolerancia que despliegan políticos y medios de comunicación por igual.

Es más fácil decirlo que hacerlo, pero ninguna lucha por la que merezca la pena dar la batalla es fácil. ¿Y qué lucha puede ser más necesaria que la defensa de nuestras libertades y derechos?