Los programas de visados de oro de los países de la UE anteponen los beneficios a la seguridad

Los programas que ofrecen permisos de residencia a cambio de dinero existen en muchos países de la UE, pero los ingresos que generan a menudo provienen de personas corruptas o relacionadas con el crimen organizado, un riesgo para la seguridad.

La ciudadanía y los permisos de residencia en la Unión Europea se ha convertido en una mercancía de lujo. Más de una docena de países de la UE ofrecen programas que permiten a extranjeros con recursos hacer inversiones -la mayor parte de las veces a través de bienes raíces o bonos del Estado- a cambio de un permiso de residencia o incluso de una ciudadanía. Son los conocidos como "visados de oro", que resultan extremadamente lucrativos para los gobiernos, pero también incurren en una peligrosa irresponsabilidad, pues abren las puertas de la Unión a extranjeros (en su inmensa mayoría procedentes de China y Rusia) con antecedentes delictivos.

Los ciudadanos extranjeros acaudalados pueden adquirir permisos de residencia o pasaportes en los países de la UE. Hay un amplio abanico de precios, desde los 250.000 euros que se piden en Grecia o Letonia hasta los 10 millones de Austria. Se trata de un negocio lucrativo: Chipre ha recaudado 4800 millones de euros desde 2013 gracias a la venta de más de 3000 pasaportes, Malta ha recaudado unos 700 millones de euros desde 2014 con un plan similar, y Portugal ha ingresado aproximadamente 4000 millones de euros vendiendo 17000 permisos de residencia desde 2012.

Una práctica que no es nueva...

Los visados de oro no son un fenómeno europeo. De hecho, apareció en la década de 1980, cuando varios países del Pacífico y el Caribe sometidos a grandes presiones económicas se sirvieron su condición de paraísos fiscales para atraer a extranjeros ricos a través de este tipo de programas de residencia o ciudadanía, que fueron un éxito. El FMI estima que a principios del siglo XXI aproximadamente el 25 % de los países del mundo contaban con alguna clase de programa que ofrecía permisos de residencia a cambio de inversiones.

La crisis financiera de hace una década impulsó a muchos estados de la UE, como Portugal y España, a vender visados de oro, y hoy este tipo de programas existe en 13 países de la Unión. Austria vende pasaportes, mientras que Luxemburgo, Letonia, Portugal, los Países Bajos, Grecia, Irlanda, el Reino Unido, España y Francia ofrecen permisos de residencia. Bulgaria, Malta y Chipre comercializan ambos. Hungría fue uno de los países que más activo se mostró en la UE en este sentido, hasta que puso fin a su programa en 2017; hasta entonces y desde 2013, unos 24.000 extranjeros obtuvieron permisos de residencia en Hungría, cifra unas veinte veces mayor que la de los solicitantes de asilo que el gobierno húngaro se negó a aceptar en virtud de los acuerdos de reasentamiento de la UE (1300).

...pero sigue siendo peligrosa.

Según el informe European Getaway. Inside the murky world of golden visas, publicado por Transparency International (TI) y Global Witness, a lo largo de la última década los programas de visados de oro han supuesto la aparición en la UE a más de 6000 nuevos ciudadanos y 100.000 nuevos residentes, la mayoría de los cuales se han enriquecido de maneras muy cuestionables. Las preocupaciones relativas a la seguridad que estos programas han suscitado tienen razón de ser. Tanto es así que el Reino Unido anunció en diciembre de 2018 la suspensión de su programa, después de que el gobierno reconociese que conllevaba riesgos para la seguridad de la ciudadanía.

Las autoridades británicas no erraban. El informe de TI revela que el 91,1% de los solicitantes consiguen un visados de oro para el Reino Unido, una de las tasas más bajas entre los países de la UE con programas de este tipo. Los criterios para la concesión de un visado de oro varían enormemente entre los Estados miembros. Para comprobar los posibles antecedentes delictivos de los solicitantes muchos se limitan a buscar en Google y, aun así, siguen pasando por alto indicios evidentes. Por ejemplo, Hungría otorgó hace dos años un permiso de residencia a la familia del máximo responsable del espionaje ruso, sancionado por la UE; a Malta no le pareció convincente la investigación sobre lavado de dinero llevada a cabo Finlandia contra un oligarca ruso que copó un pasaporte maltés; y Chipre, por fin, hizo la vista gorda al vender un pasaporte a otro magnate ruso que había sido investigado por la policía española por blanqueo de capitales.

Sin embargo, la laxitud de estos países no solo facilita la entrada de extranjeros corruptos a dichos países. De hecho, un gran argumento de venta de los visados de oro de la UE es que, gracias al espacio Schengen, los compradores pueden viajar sin trabas por toda la Unión. De este modo, al invitar a una de las principales figuras de la mafia rusa a establecerse en Hungría, el gobierno de ese país no solo puso en riesgo la seguridad de los húngaros, sino de todos los residentes de la Unión Europea.

Los beneficios antes que las personas

Los programas de visados de oro son especialmente negativos para la Unión Europea en el actual contexto migratorio. Por un lado, los Estados miembros insisten en impedir la entrada de solicitantes de asilo, en gran medida empobrecidos y de razas distinta a la blanca; sin embargo, al mismo tiempo, hacen activamente la corte a extranjeros poseedores de fortunas de dudoso origen. Barcos repletos de inmigrantes que huyen para salvar la vida se ven obligados a navegar a la deriva por el Mediterráneo, sin puerto en el que atracar, mientras que a antiguos capos mafiosos y blanqueadores de dinero rusos y de otros lugares se les ofrecen permisos de residencia en la UE.

Según las estadísticas de 2017 publicadas por la Base de Datos de Información sobre Asilo, Portugal rechazó ese año en torno a dos de cada tres solicitantes de asilo y Francia y el Reino Unido presentaron tasas de rechazo aún más elevadas. Sin embargo, todos estos países aceptan a más del 90 % de los solicitantes de visados de oro. La Unión Europea se fundó en el respeto a los derechos humanos y la igualdad de todas las personas, pero, en la práctica, el comportamiento de muchos de sus Estados miembros es bien distinto. A los que necesitan entrar en la Unión para salvar la vida y disfrutar de seguridad, se les obliga rutinariamente regresar a sus países de origen, mientras que a los ciudadanos rusos y chinos con antecedentes delictivos se les invita a convertirse en ciudadanos de la UE.

Llamadas a un mayor escrutinio

Desde luego, incluso quienes llaman la atención sobre la dudosa moral de los programas de visados de oro reconocen los beneficios de estos, pues ofrecen a los Estados ingresos muy necesarios, saneando las arcas del gobierno y llevando al país de turno a nuevos residentes con recursos, que consumen y gastan dinero en empresas del país. Sin embargo, tal ánimo de lucro puede desembocar en codicia y llevar a los países a dar de lado otros problemas. Al parecer, esto es lo que ha ocurrido en muchos Estados miembros de la UE.

Según el informe de TI, Chipre obtiene un beneficio medio anual de unos 914 millones de euros vendiendo visados de oro, pero, como se ha señalado, al gobierno chipriota parece importarle muy poco la forma en que sus nuevos y ricos ciudadanos han obtenido ese dinero. ¿No podría el gobierno conformarse con un poco menos y negarse a dar la ciudadanía a los solicitantes vinculados con el crimen organizado o el blanqueo de dinero? No parece mucho pedir, pero se trata de algo que los ciudadanos europeos no tendrían siquiera que plantear a sus líderes electos. Los beneficios nunca deben estar por encima de la seguridad, especialmente cuando muchos gobiernos de la UE esgrimen el falso argumento de que acoger a los inmigrantes más pobres se traducirá en una mayor tasa de delincuencia.

Aunque es poco probable que los países europeos eliminen los programas de visados de oro en un futuro próximo, existe en Europa cierta voluntad de ponerles fin. "Los pasaportes y visados de la UE no son una mercancía. El dinero no debe ser un factor a la hora de conceder ciudadanías y permisos de residencia en la UE", ha declarado recientemente Sven Giegold, portavoz de los Verdes en el Parlamento Europeo. "Necesitamos una ley comunitaria que frene la venta de derechos de ciudadanía europea e y tenemos que intensificar la lucha contra el blanqueo de capitales. La Comisión debe fijar estándares mínimos para estos programas y asegurarse de que se aplican en todos los Estados que ofrecen pasaportes y visados a inversores extranjeros".

El año pasado, el grupo de centro-izquierda ALDE del Parlamento Europeo publicó un vídeo en el que pedía la supervisión de este tipo de programas por parte de la UE y exigía que el criterio a la hora de conceder permisos de residencia se basara en la necesidad y el mérito en lugar de en los recursos económicos. La cada vez mayor presión está produciendo algunos cambios: el Parlamento Europeo, en efecto, publicó un estudio en septiembre de 2018 que planteaba diversas modificaciones en estos planes para mejorar la seguridad, y la Comisión Europea ha prometido estudiar la cuestión en mayor profundidad.

Es de esperar que, gracias a esta presión ejercida por políticos y ciudadanos europeos, los Estados miembros pongan fin a sus programas o los reformen, anteponiendo por fin las personas a los beneficios.

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