La UE amplía su operación "naval" solo con aviones

La Unión Europea ha decidido prorrogar por seis meses el mandato de su operación naval, paralizando los efectivos navales y haciendo hincapié en las misiones aéreas y la cooperación con la Guardia Costera libia.

El mandato de la operación militar de la Unión Europea en el Mediterráneo EUNAVFOR Med, conocida comúnmente como Operación Sophia, por el nombre de una niña nacida en un barco de rescate, fue prorrogado el miércoles por seis meses. Los Estados miembros de la UE han confirmado que esta operación recurrirá a una mayor vigilancia aérea y a la cooperación con la Guardia Costera libia, retirándose a la vez los efectivos navales, una decisión "incómoda", como ha aseverado un diplomático de la UE, tomada para apaciguar a Italia, que había amenazado con clausurar la operación naval.

Esta, dirigida desde Roma, se puso en marcha en 2015 y desde entonces ha permitido salvar unas 45.000 vidas y ha retirado más de 500 embarcaciones dedicadas al tráfico de personas. El objetivo principal de Sophia es desmantelar las redes de tráfico de personas y hacer cumplir la ley marítima. A diferencia de lo que ocurría con la Operación Mare Nostrum, su predecesora, las actividades de búsqueda y salvamento no constituyen una prioridad en el marco de Sophia, aunque siguen siendo necesarias en virtud del derecho marítimo internacional. En consecuencia, la tasa de mortalidad en el mar Mediterráneo ha vuelto a aumentar. Según EUobserver, con Mare Nostrum, solo 4 de cada 1000 travesías eran mortales, cifra que asciende a 24 con Sophia.

De hecho, según la Guardia Costera italiana, no se ha rescatado ni un solo migrante en el Mediterráneo Central en el marco de la Operación Sophia desde julio de 2018. Se da la circunstancia de que en esa fecha el ministro del Interior y líder de facto de Italia, Matteo Salvini, puso en marcha su campaña contra la inmigración. Y también en ese momento cesaron las actividades de búsqueda y salvamento por parte de organizaciones humanitarias.

En lugar de apoyar las labores de rescate en el Mediterráneo, la UE abandona todas las misiones de búsqueda y salvamento a la Guardia Costera libia. ¡Qué gran manera tiene la UE de cumplir con sus ambiciones de ser pionera en la defensa de los derechos humanos!

Una operación controvertida

Desde junio de 2016, el papel de Sophia se ha ampliado para incluir la formación, financiación y seguimiento de la Guardia Costera libia, una decisión muy controvertida, pues es conocido el trato abusivo que esta da a los migrantes. La violencia física que ejerce está bien documentada y se ha denunciado en varias ocasiones, y las condiciones en los centros de detención de Libia, donde los migrantes son confinados una vez capturados por los guardacostas libios, son espantosas.

Un reciente informe filtrado por POLITICO revela que los funcionarios de la UE son conscientes de que algunas de sus políticas hacen más peligrosas los travesías marítimos para los migrantes, pero, aun así, prefieren hacer la vista gorda. Otro informe filtrado de Frontex señalaba ya en 2016 que las autoridades locales libias "están involucradas en actividades de tráfico de personas" y un traductor que trabajaba para la Operación Sophia ha declarado que parte del personal que emplea la Guardia Costera libia son combatientes que lucharon durante la guerra civil.

Para Barbara Spinelli, diputada italiana y miembro de la Comisión de Libertades Civiles, Justicia y Asuntos de Interior, "Sophia es una operación militar con una agenda muy politizada. [...] Se ha convertido en una herramienta de devoluciones en caliente y legitima la actividad de milicianos con antecedentes penales, caracterizados de guardacostas".

Gracias a la colaboración con la Guardia Costera libia y a la decisión de Salvini de cerrar los puertos italianos a los barcos de organizaciones humanitarias, las llegadas a Italia de migrantes rescatados han disminuido drásticamente. Según POLITICO, se han reducido en un 98 por ciento en lo que va de año, en comparación con el mismo periodo de 2018, fecha en la que ya habían descendido en un 80 por ciento con respecto a 2017.

El papel de Italia en la toma de decisiones

La campaña de Salvini contra la actividad de búsqueda y salvamento por parte de barcos de organizaciones humanitarias (la última víctima ha sido el Mare Jonio, de la organización italiana Mediterranea Saving Humans) ha convertido al ministro del Interior Italiano en el principal adalid contra la migración de Europa. El hecho de que Italia esté al mando de la operación naval le confiere un papel especial, además de cierto prestigio.

Salvini había dejado muy claro que no estaba a favor de extender el mandato de Sophia, argumentando que la falta de acuerdo de la UE sobre un mecanismo coherente de reubicación ha dejado a Italia en solitario. La propuesta que hizo en agosto para una rotación de puertos de desembarque, a tenor de la cual Francia y España deberían abrir sus puertos a la llegada de migrantes, no obtuvo el respaldo de los Estados miembros.

En enero, Alemania decidió retirarse de la Operación Sophia. El mando italiano había marginado a la armada alemana, enviándola "a las zonas más remotas del Mediterráneo, donde no hay rutas de tráfico ni flujos migratorios, por lo que la armada ha estado meses sin desempeñar un papel relevante", declaró la ministra de Defensa de Alemania, Ursula von der Leyen.

Una operación marítima sin activos navales

Europa está llevando a cabo una operación marítima sin efectivos navales. ¿Tiene esto sentido? En palabras de Maja Kocijančič, portavoz del Servicio Europeo de Acción Exterior (el cuerpo diplomático de la UE): "La operación no podrá cumplir eficazmente su mandato, pero esta es la decisión tomada por los Estados miembros".

Las soluciones ad hoc para los barcos de organizaciones humanitarias han creado malestar entre los Estados de la UE. La reforma del Reglamento de Dublín parece estar fuera de lugar. Lo más cercano a una solución, aunque provisoria, sería la llamada "coalición de voluntarios", que permitiría la participación voluntaria de Estados miembros en la reubicación de migrantes y refugiados.

Prolongar el mandato de Sophia por seis meses solo servirá para posponer la decisión. Lo que realmente necesita la UE es una normativa sólida para el desembarco de migrantes rescatados y un mecanismo de reubicación posterior que permita ejercer una mayor solidaridad y reparta responsabilidades. Por desgracia, los sospechosos habituales, Polonia y Hungría, se niegan a participar.