Hungría libra una guerra propagandística contra Finlandia ante la aplicación del Artículo 7

El gobierno húngaro está librando una guerra propagandística contra Finlandia con el fin de minar su credibilidad antes de que la UE reanude el procedimiento del Artículo 7 contra Hungría.

La pesadilla del Artículo 7 que persigue a Viktor Orban no tiene visos de acabarse pronto. Finlandia asumió recientemente la presidencia rotatoria de la UE y anunció que una de las prioridades de su mandato es el fortalecimiento del Estado de derecho en los Estados miembros de la UE.

Orban, desde que retomó el cargo hace casi una década, ha ido desmantelando sistemáticamente el Estado de derecho en Hungría. Han desaparecido los tribunales y los medios de comunicación independientes. Muchas instituciones académicas también están cerrando o trasladándose del país y la sociedad civil sufre un acoso constante debido a las nuevas normativas que están destinadas a obstaculizar e impedir su trabajo.

Todo esto ha llevado al Parlamento Europeo a votar a favor de iniciar el procedimiento del Artículo 7 contra Hungría, que podría acabar en sanciones al gobierno húngaro, como la pérdida de su derecho de voto en la UE. Orban está tratando de frenar el proceso reforzando sus alianzas en la Unión para proteger a su gobierno de las sanciones. El hecho de que el anterior titular de la Presidencia de la UE, Rumanía, estaba inundado en problemas propios (sobre todo de corrupción) probablemente le animó a pensar que podía salirse con la suya.

Finlandia sin embargo no está tan limitada. Y la Presidencia de la UE es mucho más que una posición ceremonial. El Estado miembro puede establecer la agenda para ese término, lo que significa que la UE se centrará en las prioridades que Finlandia establezca, y el Estado de derecho se encuentra entre las prioridades en la lista. Esto ha llevado a Orban a desplegar su maquinaria propagandística en contra de los finlandeses, criticándoles por no tener medios de comunicación libres, por no hacer lo suficiente para proteger a las minorías y por no tener un sistema constitucional que defienda el Estado de derecho. Una tergiversación auténticamente intoxicadora.

El ataque propagandístico ha sido dirigido por Zoltán Kovács, portavoz de Orban, autor de dos blogs en inglés sobre la situación en Finlandia. En los blogs, habla sobre los puntos mencionados en un intento de minar la credibilidad de Finlandia y poner en tela de juicio cualquier procedimiento futuro en materia de Estado de derecho que se inicie contra Hungría.

Como era de esperar, los argumentos de Kovács no pasan la prueba del olfato. Finlandia no solo tiene una prensa independiente, sino también una de las más libres del mundo. El Índice Mundial de Libertad de Prensa -la clasificación de referencia sobre libertad de prensa en el mundo- sitúa a Finlandia en el segundo lugar del mundo en libertad de prensa. ¿Hungría? En el puesto ochenta y siete, digamos que -algo- más bajo.

Kovács tiene razón, Finlandia no tiene un Tribunal Constitucional, pero la trampa está en no explicar los detalles. El país cuenta con un comité constitucional que revisa todas las leyes propuestas para garantizar de que sean constitucionales. Y aún así, existen controles ex-post que permiten que el sistema judicial actúe cuando una ley se vuelve manifiestamente inconstitucional. Cabe destacar también un pequeño detalle: nadie se ha quejado nunca de la solidez del sistema constitucional finlandés. No ha habido reportajes negativos de ciertos medios de comunicación, ni malos informes, etc... Uy, sí, perdón, un blogero empleado por el gobierno húngaro se ha quejado.

Dicho esto, Finlandia no se opone a reconsiderar su sistema para garantizar la mayor solidez posible desde el punto de vista constitucional. El año pasado, el presidente finlandés, sin que le empujaran a ello, afirmó que estaría dispuesto a explorar la posibilidad de establecer un Tribunal Constitucional, diciendo: "No hay prisa, tomémonos nuestro tiempo y dediquémonos realmente a analizar y discutir la cuestión".

La ira de Hungría hacia Finlandia probablemente puede entenderse mejor como pánico. Orban sabe que otros Estados miembros de la UE no se van a dar por vencidos y persistirán su trabajo y toma de medidas para proteger la democracia y el Estado de derecho. Esto significa que es improbable que los ataques del gobierno húngaro contra Finlandia se detengan. Y que habrá quien tenga que redactar unos cuantos blogs.

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