¿Todo lo que necesitas es amor?

El amor no tiene precio, ¿pero es suficiente para sostener una democracia si llega un autoritario al poder?

Sí, los días festivos han llegado a su fin y no, este no es otro articulo más sobre Realmente Amor. Más bien es un artículo sobre política, símbolos y el papel de las emociones. Y sobre un libro escrito por una de las más eminentes filósofas políticas de nuestro tiempo, Martha C. Nussbaum.

En Emociones políticas ¿Por qué el amor es importante para la justicia?(2015), Nussbaum sostiene que hasta la fecha, la filosofía política liberal ha tenido muy poco que decir sobre la "psicología de la sociedad decente". Si bien los liberales suelen hacer hincapié en el papel de la imparcialidad, la igualdad ante la ley, los derechos e intereses individuales, parece que pasan por alto el hecho de que cualquier democracia liberal que quiera garantizar su estabilidad a lo largo del tiempo necesita cultivar ciertas emociones entre sus ciudadanos. Y estas, según Nussbaum, están ligadas al amor de una manera constitutiva. Para Nussbaum, la afirmación desapasionada de ciertos principios, incluso cuando va acompañada de respeto o simpatía, es sencillamente insuficiente para sostener una cooperación social decente. Para que sobrevivan los buenos principios e instituciones, la cultura pública, dice, "no puede carecer de entusiasmo y pasión" Necesita amor. Y solo amor.

Ahora bien, la afirmación de Nussbaum puede ser quizá demasiado simplista. Como señala, por ejemplo, una crítica, Nussbaum insiste en que "en ausencia de amor dirigido a los conciudadanos y a la nación en su conjunto" un sistema tributario justo no se puede sostener, sin embargo, es muy plausible que una combinación de motivos distintos al amor también pueda servir. Algunos de nosotros somos perezosos o estamos demasiado ocupados como para ofrecer algún tipo de resistencia, otros tienen demasiado miedo de terminar en la cárcel y así sucesivamente. Así que puede ser que el amor no siempre sea necesario. Y también puede ser que no sea todo lo que necesitamos. Pero un poco de amor -o al menos un compromiso emocional positivo- hacia nuestros valores comunes y hacia nuestros conciudadanos ciertamente ayuda a mantener una cooperación social saludable.

Los símbolos nacionales son elementos fuertes de identificación, impregnan nuestra vida cotidiana. De las instituciones públicas cuelgan banderas nacionales, el himno se toca antes de los partidos de fútbol y en los días de conmemoración, y recibimos cartas oficiales con el escudo de armas en el membrete. Los símbolos nacionales están destinados a que las personas se sientan conectadas a algo más grande que su propio círculo de familiares y amigos.

Los autoritarios alegan frecuentemente que solo quienes les apoyan son dignos de portar los símbolos nacionales. Otras veces dicen que quienes llevan los símbolos nacionales están mostrando su apoyo hacia el único partido que representa a la nación: el suyo. En ambos casos, quieren que todos sus posibles partidarios sientan que la única manera de ser un verdadero miembro de la comunidad nacional es apoyándoles a ellos. Y quienes que no lo hacen, no forman parte de la nación. Son traidores.

Pero los verdaderos traidores son los autoritarios. Deterioran el apego emocional entre conciudadanos, socavando así la base de la cooperación, la confianza mutua y la confianza en nuestras instituciones, generando, finalmente, una sociedad más pobre y triste en la que vivir.

No les dejes. Porta tus símbolos nacionales con orgullo, no te convertirá en uno de sus partidarios, ni en un nacionalista miope. Simplemente mostrará tu compromiso con los mejores intereses para tu gente.

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