La guerra cultural de las mascarillas en Europa

¿Por qué encajan tan bien las posturas anti-mascarillas con los votantes y líderes autoritarios?

El debate sobre el uso de la mascarilla en Estados Unidos está dominado por la ideología y la identidad política. Gran parte del sector duro anti-mascarillas de Estados Unidos lo componen probablemente los autoritarios. Es posible que en Europa, los políticos y medios de comunicación con un programa autoritario intenten convertir el debate de la mascarilla en una guerra cultural también aquí.

[Gran parte de este artículo se basa en la investigación del autor publicada en Countering Populist Authoritarians: Where their support comes from and how to reverse their succes [Combatir a los populistas autoritarios. De dónde viene su apoyo y cómo revertir su éxito]]

Las explicaciones ideológicas que dan los militantes anti-mascarillas en Estados Unidos para negarse a cubrir la cara revelan que a una parte importante de ellos no les preocupa verdaderamente la libertad. Gran parte del sector duro anti-mascarillas parece que se opone a cubrirse la cara porque encaja bien con sus actitudes autoritarias, es decir, su voluntad de mantener tradiciones perjudiciales y la desigualdad social.

Obviamente, esto no significa que todas las personas que tienen reservas acreca del uso de las mascarillas sean autoritarias. En Europa, entre los anti-mascarillas se encuentra la extrema derecha, pero los manifestantes todavía son bastante variados. Aquellos que sospechan que los gobiernos se están extralimitando quizá ven en las mascarillas, junto con una vigilancia masiva insidiosa, otra medida diseñada para limitar las libertades individuales. Hay mucha gente que ve con escepticismo el uso de la mascarilla por razones prácticas o sociales. Por ejemplo, porque han recibido consejos oficiales contradictorios sobre su eficacia, porque les resulta incómoda (sobre todo para realizar actividades físicas extenuantes) o porque dificulta la interacción social y la comunicación.

Los reportajes de Estados Unidos en los que se exponen las razones ideológicas que aducen los anti-mascarillas parecen indicar que una parte importante del sector más duro lo componen autoritarios. Los datos demográficos disponibles de EEUU también apoyan esta idea, pues revelan que los anti-mascarillas son mayoritariamente hombres y partidarios del Partido Republicano. Aunque ser republicano no equivale necesariamente a tener opiniones autoritarias, existen muchas pruebas de que aquellos con actitudes autoritarias muy probablemente apoyaron a Trump en las elecciones presidenciales de 2016. Resulta plausible que quienes en la víspera de unas elecciones indiquen su intención de votar a Trump se identifiquen como republicanos. Además, los hombres también superan a las mujeres entre aquellos con actitudes autoritarias.

¿Qué es "autoritario"?

Por actitudes autoritarias me refiero a estar en contra de cosas como la igualdad de las minorías y las libertades civiles, y a favor de restar poder a las instituciones independientes y concentrarlo en manos de un líder fuerte. Existen dos tipos de autoritarios: los anti-igualitarios y los tradicionalistas. Las personas con estas visiones del mundo son más propensas a apoyar a partidos y candidatos con políticas autoritarias.

Los anti-igualitarios apoyan el mantenimiento de las jerarquías sociales y económicas tradicionales que sitúan a Dios/religión por encima de la humanidad, al hombre por encima de la mujer, a los blancos por encima de los no blancos, a los heterosexuales por encima de los gays, a los adultos por encima de los niños y a la humanidad por encima de la naturaleza. Se resisten a cualquier intento de desafiar estas jerarquías, como las luchas por alcanzar la igualdad entre mujeres y hombres, minorías étnicas u otros grupos marginados. A los tradicionalistas, por su parte, les preocupa mantener la cohesión social. Se alteran ante lo que perciben como amenazas a la seguridad (incluida la salud), la estabilidad económica y los cambios en las normas culturales tradicionales. Ambos grupos reaccionan ante las amenazas percibidas respaldando más firmemente actitudes autoritarias.

La información que llega de Estados Unidos sobre los sectores anti-mascarillas más ideológicos indica que en general promueven las siguientes razones (que encajan con sus tendencias autoritarias).

La amenaza que representa la COVID-19 se exagera pues forma parte de una conspiración

En Estados Unidos las mascarillas se han convertido en un tema político, y los partidarios de Trump en general respaldan la actitud negativa del presidente. Adoptar una postura sobre un tema porque consideras que es la que corresponde con tu identidad política no es algo específico de los autoritarios. Las investigaciones sobre teoría de la identidad social revelan que cuando la gente se identifica con un grupo político en concreto, sus opiniones se verán influenciadas por lo que los líderes del mismo decidan que son normas de grupo. Sin embargo, en Estados Unidos los militantes anti-mascarillas piensan que existe una conspiración para exagerar los peligros de la pandemia. A veces es una conspiración que busca dejar mal al presidente y otras una conspiración de las grandes farmacéuticas que quieren beneficiarse de una vacuna.

Según algunas investigaciones, ambas tendencias son propensas a respaldar teorías de conspiración y desconfían de las instituciones y de los funcionarios del Estado. En su opinión, el poder legítimo en la sociedad ha sido secuestrado por una "élite liberal" que destruirá la sociedad o se mantendrá al margen mientras otras "amenazas" (por ejemplo, las feministas y las minorías étnicas) se encargan de ello. Por eso, en general, los autoritarios desconfían de los expertos, los funcionarios y de los políticos tradicionales.

Las teorías de la conspiración ofrecen soluciones simplistas a problemas complejos. Proponen a ambos grupos una estrategia para superar amenazas reales o percibidas asociadas a la pandemia.

Obligar a la gente a usar mascarilla es un ataque a las libertades individuales

A primera vista, parece que se trata de las libertades individuales, una prioridad para los autoritarios, pero si indagamos, este argumento nada tiene que ver con que la gente sea lo más libre posible en esta sociedad. La libertad no significa la libertad de hacer lo que quieras, pues eso implicaría que todo el mundo tiene derecho a hacer cosas que invadirían la libertad de otras personas. Que yo aparque mi coche en tu césped no es un ejercicio de libertad, porque acabo de despojarte de la libertad de usar tu propiedad.

La libertad consiste en que todas las personas en la sociedad tengan opciones para vivir sus vidas. Para que todos seamos libres, todos debemos respetar los límites de nuestra propia libertad y no invadir las libertades de los demás. No llevar mascarilla quita libertades a quienes nos rodean, pues amenaza su salud y aumenta la probabilidad de más confinamientos.

Este argumento realmente tiene que ver con la preservación de las tradiciones. Ya sea la tradición de no llevar la cara cubierta, como la de que el gobierno debe mantenerse lo más posible al margen de la vida de la gente. Esto es lo que hace atractivo este argumento para los tradicionalistas, que por otra parte, no suelen ser fanáticos de las libertades individuales.

Usar mascarilla es un signo de debilidad y socava mi masculinidad

Como señalamos, los anti-mascarillas en Estados Unidos tienen más probabilidad de ser hombres. Esta objeción también está relacionada con la tradición. Existen estudios que muestran que los hombres con actitudes más tradicionales sobre la masculinidad dan más importancia a la fuerza física. Y algunas investigaciones en Estados Unidos revelan que los hombres son más propensos que las mujeres a sentir que usar mascarilla es vergonzoso y una muestra de debilidad. Si el uso de la mascarilla amenaza los ideales tradicionales de la masculinidad, es de esperar que los tradicionalistas se opongan firmemente a ello.

Los anti-igualitarios probablemente tienen preocupaciones similares. El lugar tradicional del hombre en la jerarquía social es relativamente más alto que el de la mujer y que el de otros grupos históricamente marginados (para ellos: "más débiles"). Y probablemente piensan que la fuerza es una de las características que interviene a la hora de situarles más alto en esa jerarquía. Se opondrán a cualquier regla que socave las jerarquías sociales tradicionales: ya sea porque les haga parecer débiles, o porque eleve el estatus de los grupos marginados hasta el punto de que quienes están situados más arriba en la escala tiene que modificar su comportamiento para acogerlos.

También es sabido que los anti-igualitarios se caracterizan por su falta de empatía y que son propensos al pensamiento de suma cero, es decir, que si alguien que se encuentra más abajo en la jerarquía está mejorando su posición, pensarán que ellos están perdiendo algo a cambio. La falta de empatía y el pensamiento de suma cero son evidentes en los pronunciamientos de los anti-mascarillas. Por ejemplo, cuando declaran que las personas mayores y las que tienen problemas de salud, "iban a morir de todos modos", y que los grupos "vulnerables" deberían aislarse en lugar de imponer el uso de mascarillas a los demás.

Las mascarillas son malas para mi salud y/o no funcionan

Los militantes anti-mascarillas suelen acompañar sus argumentos ideológicos con pruebas empíricas para justificar su postura. En concreto, la afirmación incorrecta de que las mascarillas son ineficaces y/o perjudiciales para su propia salud. Aunque es cierto que en general los humanos tendemos a buscar información que justifique nuestras creencias (sesgo de confirmación), los tradicionalistas y anti-igualitarios son más propensos que otros a rechazar cualquier información que entre en conflicto con sus opiniones.

Entonces, ¿cómo deberíamos debatir sobre las mascarillas?

Las noticias en los medios de comunicación revelan un crecimiento de los movimientos contra las mascarillas en distintos países europeos durante el verano. Aparentemente, los autoritarios aún no han secuestrado el debate sobre las mascarillas aquí, ¿pero y si lo hacen?

Probablemente no tenga mucho sentido tratar de convencer a estos grupos de que cambien de opinión sobre las mascarillas, ya que serán difíciles de influenciar. Sin embargo, hablar con quienes tienen opiniones encontradas puede resultar más fructífero, aquellas personas que tienen dudas sobre las mascarillas pero que a la vez no quieren ocasionar ningún daño a sus comunidades, a las personas con las que conviven. El diálogo respetuoso es mucho más eficaz que aleccionar, y acusar a la gente de ser egoísta o estúpida es contraproducente. Una posible forma de abordarlo sería reformular la noción de libertad en el debate público. Deberíamos alejarnos de la idea de libertad como mera ausencia de restricciones y acercarnos a la idea de libertad como la posibilidad de que cuantas más personas tengan más posibilidades de elección. En este artículo ofrecemos un ejemplo de ello. Existen investigaciones que apoyan esta idea, demuestran que los mensajes que apelan a la preocupación de las personas por su comunidad (frente a "tú", "tu familia" o "tu país") fueron más eficaces para lograr que tomaran precauciones contra la pandemia, incluido el uso de la mascarilla.

Anteriormente en Liberties: More Masks, More Freedom.

Imagen de Sebastiaan Stam @ Pexels

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