Observatorio de la UE

Tres razones por las que el pasaporte de vacunación para viajar por la UE es una mala idea

Mientras los gobiernos de todo el mundo se concentran en estrategias de vacunación para proteger a la población de la COVID-19, se ha encendido el debate acerca de qué supone la vacuna para las libertades civiles, como la libertad de movimiento en la UE.

por Israel Butler & Linda Ravo

Aunque ningún país de la UE ha decidido hacer que la vacunación sea obligatoria, políticos de toda Europa han planteado la posibilidad de que si la gente se vacuna, debería poder moverse libremente y volver a disfrutar sin restricciones de los servicios que se han tenido que restringir para frenar la propagación del coronavirus. El primer ministro griego ha ido más allá y ha pedido un certificado digital de vacunación estandarizado para la UE, para que las personas puedan viajar sin restricciones entre los países de la Unión.

Ya hemos escrito sobre cómo el hecho de exigir a una persona que se vacune para poder acceder a lugares públicos, como escuelas o bares, podría conducir a una sociedad a dos niveles. Es muy probable que algunos grupos sociales tengan un acceso más lento a la vacunación, debido a las desigualdades existentes, la falta de concienciación, los efectos de la corrupción o el favoritismo político. En estas circunstancias, los pasaportes de vacunación agravarán la división entre quienes ya gozan de una posición más privilegiada y quienes están en los márgenes.

Si los gobiernos añaden la libertad de movimiento a la lista de libertades solo disponibles para quienes estén vacunados, agudizarán las diferencias sociales dentro de los países. Pero hay otras tres razones por las que exigir un pasaporte de vacunación es una mala idea.

En primer lugar, podría crear una división entre los ciudadanos de diferentes países de la UE. Es decir, los ciudadanos de los países que vacunan más lentamente tendrán más restricciones a la libre circulación que los de los países que vacunan más rápido. Tampoco está claro si solo se expedirá el certificado a quienes se hayan vacunado con una vacuna aprobada por la Agencia Europea del Medicamento (EMA). Actualmente, las vacunas rusas y chinas no cuentan con esta autorización. Y Hungría, que alega que la UE no le ha asignado suficientes dosis de otras vacunas, parece que tiene intención de usarlas.

Generar esta división entre los países de la UE, con unos ciudadanos que pueden viajar más que otros, socavaría lo que probablemente sea la ventaja más visible de la UE a ojos de la sociedad. Pero además, podría alimentar el euroescepticismo. En 2017, varios gobiernos de Europa Central y del Este utilizaron el escándalo de la carne de caballo para avivar el sentimiento anti-UE. Su argumento era: la UE está tratando a sus ciudadanos como si fueran de segunda clase, permitiendo la venta de productos de calidad inferior, en comparación con los de Europa Occidental. Los políticos euroescépticos posiblemente aprovechen esta oportunidad para volver a gritar "¡falta!" si parece que la Unión está restringiendo la libertad de movimiento a ciertos países.

En segundo lugar, un pasaporte de vacunación también puede resultar contraproducente. Todavía no contamos con datos claros sobre el grado de eficacia de las campañas de vacunación para detener o reducir la transmisión de la enfermedad. La Organización Mundial de la Salud ha advertido que el uso de pasaportes de vacunación en esta etapa, permitiendo viajes sin restricciones, podría poner en peligro la salud pública pues generan una falsa sensación de seguridad.

En tercer lugar, inevitablemente, existen riesgos para la privacidad de los viajeros si el certificado de la vacuna está en formato digital. Los gobiernos no solo deberán garantizar la seguridad de los datos de las personas, sino también que no se compartan ni se utilicen indebidamente para otros fines. Si se exige el certificado de vacunación para viajar entre países, todos los 27 gobiernos tienen que disponer de sistemas interoperables con sistemas de protección de datos igualmente sólidos. Una cuestión sobre la que la autoridad de protección de datos de la UE ha expresado su escepticismo acerca de la capacidad de lograrlo.

¿Entonces, qué va a pasar?

Algunos Comisarios de la UE están abiertos a la idea. A algunos países como Malta y Portugal, cuyas economías, como la griega, están orientadas al turismo, parece que les gusta la idea. Ciertos países, como Polonia, ya están viendo como poner en marcha la idea por su cuenta. Pero otros, como Francia y Rumanía expresaron una profunda inquietud al respecto.

¿Qué puede hacer la UE?

La UE debería hacer todo lo posible para evitar que los pasaportes de vacunación se conviertan en una opción atractiva para los gobiernos. Si existe una aceptación pública abrumadora de la vacuna y existen alternativas viables para viajar de forma segura, es menos probable que los gobiernos recurran a este tipo de medidas. La Comisión podría:

  1. Ofrecerse a coordinar las medidas de toda la Unión Europea para la seguridad de los viajes, aumentando por ejemplo las instalaciones para hacer pruebas, e instar a los gobiernos a que acepten la certificación de una prueba negativa reciente para poder viajar.
  2. Fomentar que los gobiernos utilicen los fondos de recuperación de COVID-19 de la UE en programas de vacunación dirigidos a sectores de la población a los que de otro modo sería más difícil llegar (quienes viven en zonas rurales o menos prósperas, o que están lejos de hospitales y clínicas). La UE también podría invertir en nuevas campañas de sensibilización sobre los beneficios de la vacuna. Esto ayudaría a contrarrestar las campañas de desinformación que hacen que la gente sea reacia a vacunarse.
  3. Invertir más en investigar el grado y la duración de la inmunidad y las tasas de reducción de la transmisión favorecidas por las vacunas.

Anteriormente en Liberties:

Tres formas de prevenir que la distribución de vacunas cree sociedades a dos niveles