Cárceles italianas en tiempos de coronavirus: en búsquedad de una solución

El sistema penitenciario se enfrenta a una situación grave con la pandemia del coronavirus, con protestas y disturbios que estallaron el 8 de marzo y sin que el gobierno haya procurado una solución para limitar la propagación del virus en las cárceles.

Protestas y disturbios en las cárceles

Las protestas en las cárceles italianas estallaron el domingo 8 de marzo y continuaron hasta el lunes con distintos niveles de gravedad. Los detenidos vencieron los barrotes de sus celdas, quemaron colchones, se salieron de sus sectores y se subieron al tejado, y en un caso incluso lograron escapar. El 12 de marzo las autoridades confirmaron la muerte de 14 presos, la mayoría de ellos murieron durante o después de un motín en la cárcel de Módena, donde irrumpieron en la enfermería y sufrieron una sobredosis de medicamentos utilizados para tratar las adicciones. Se produjeron disturbios o protestas en 40 cárceles de toda Italia, entre ellas Nápoles (Poggioreale), Frosinone, Salerno, Ancona, Foggia, Milán (San Vittore), Roma (Rebibbia), Palermo (Ucciardone) y Pavía. A última hora del lunes, la situación se había calmado en muchas de las cárceles, gracias en parte a la mediación de las autoridades civiles.

No parece que exista una única causa para los disturbios, más bien parece que son múltiples los factores que han desencadenado las protestas.

Hacinamiento

El hacinamiento en el sistema penitenciario italiano es crónico desde hace años y a finales de febrero había 61.230 presos para 50.931 plazas disponibles, lo que significa una tasa de población carcelaria del 120,2%. Sin embargo, Antigone ha estimado una tasa del 130%. En la práctica, esto significa que se añaden una o dos camas más a muchas celdas, lo que implica que un espacio muy reducido y muy pocas actividades y trabajos para demasiadas personas. En esta situación ya crítica, se introdujeron más limitaciones con el objetivo de contener la propagación del coronavirus, lo que provocó las protestas.

Más limitaciones debido al coronavirus

En las últimas semanas, la Administración Penitenciaria ha emitido algunas regulaciones internas en un intento de frenar la propagación del coronavirus. El peligro de un brote de coronavirus en una cárcel es muy claro: el hacinamiento hace que la separación de los internos sea muy difícil, y la contención de la enfermedad prácticamente imposible.

Era necesario tomar medidas contra la infección. En algunas cárceles, se han limitado las visitas y las actividades y a los vistantes se les revisaba al entrar. Otras decidieron decidieron anular completamente todas las actividades y visitas, incluso a pesar de estar localizadas en zonas lejos de los brotes de coronavirus. Esto generó malestar en una población reclusa ya de por sí hacinada e irritada. Asimismo provocó ansiedad entre las familias de los presos, que a menudo no sabían si seguía vignete el régimen de visitas y solo podían obtener esta información llamando a las propias cárceles.

Finalmente, el 8 de marzo, las autoridades decidieron prohibir completamente las visitas a las familias y suspender todas las actividades educativas en todas las cárceles, facilitando a cambio el acceso a las llamadas telefónicas y las videollamadas para que los detenidos redujeran su aislamiento en un momento difícil. Sin embargo, no todas las cárceles cumplieron debidamente y acabó desencadenando en protestas y disturbios.

Propuestas para aliviar la presión en las cárceles

En los últimos días, Antigone, junto con Anpi, Arci, Cgil y el Gruppo Abele, ha elaborado algunas propuestas para reducir el número de presos, favorecer el contacto con el mundo exterior, prevenir el contagio y apoyar al personal penitenciario.

Las propuestas para reducir el número de presos incluyen la ampliación de la libertad condicional y el arresto domiciliario a los presos con problemas de salud, el arresto domiciliario nocturno para que las personas en tercer grado no tengan que volver a la cárcel por la noche, la ampliación del arresto domiciliario a las personas con condenas de hasta treinta y seis meses. Estas medidas permitirían una reducción drástica del número de personas detenidas y ayudarían a salvaguardar su salud y la de los trabajadores de la prisión.

Un paso adelante cauteloso, probablemente con un resultado insuficiente

El 16 de marzo el gobierno emitió un decreto para abordar la situación de emergencia en las prisiones que incluía un cambio en la regulación de la detención domiciliaria. Según el decreto, de dos mil a tres mil personas deberían ser liberadas en las próximas semanas, siempre y cuando la justicia penitenciaria interprete las normas íntegramente. Esto resulta evidentemente insuficiente. Es preciso liberar miles de plazas en las prisiones para que haya celdas individuales disponibles para aquellos reclusos que den positivo en el virus. También es urgente enviar a aquellos que son particularmente vulnerables por su edad o condiciones a sus hogares o lugares de tratamiento, porque contraer el virus mientras están detenidos podría tener consecuencias nefastas.

La emergencia del coronavirus no se puede considerar resuelta con estas medidas. Es necesario liberar más plazas en las cárceles y mejorar la calidad de vida social y sanitaria en su interior.