Cuando nos unimos desde nuestras diferencias, podemos exigir un gobierno que se ocupe de nosotros

Algunos políticos difunden odio para distraernos de su mala gestión de COVID-19, con la esperanza de que nos entretengamos culpando a las minorías y no exijamos la atención médica y medidas sociales que deberían garantizarnos.

Se supone que nuestros gobiernos deben guiarnos a través de la pandemia de la forma más segura posible. Cuando elegimos a nuestros líderes en las elecciones, les otorgamos poder para que lo usen por el bien de todos. Pero algunos no están en la política para hacer lo mejor para la sociedad, solo les interesa el poder y el dinero. Harán cuanto sea necesario para entrar en el gobierno y permanecer ahí. Y cuando hacen mal su trabajo, hacen todo lo posible para distraer la atención, echándole la culpa a otros.

Estos políticos y sus medios de comunicación afines, tratan de dividirnos y enfrentarnos unos a otros difundiendo mentiras o información falsa, y culpando a otras personas del daño causado por el coronavirus. Culpan a las personas que han llegado desde otro país, o al gobierno chino, a la población gitana, LGBTI, o que practica el Islam. Pero la verdadera razón es que estos políticos no han tomado las decisiones correctas para detener la propagación del virus y brindar el apoyo y la atención que necesita la población.

¿Por qué algunos políticos tratan de dividirnos?

Durante el curso de la pandemia, puede ser que presenciemos el aumento de las infecciones y de las tasas de mortalidad, escasez de camas de hospital, o gente que pierde su trabajo y que se queda en una situación de vulnerabilidad económica. Y la sociedad, evidentemente querrá saber por qué está sucediendo todo esto. Por ejemplo, por qué los médicos no tienen suficiente equipo, por qué el gobierno no ha hecho test a más personas, por qué se ha permitido que los bares y restaurantes permanezcan abiertos tanto tiempo o por qué no estamos utilizando los impuestos para mantener a las personas que han perdido sus empleos.

A los políticos no les gustan las preguntas difíciles. Pero se preocupan por la gente que les ha elegido, escuchan las preocupaciones de los votantes y tratan de buscar formas de responder a las mismas o de hacer mejor su trabajo.

Desgraciadamente, en algunos países, algunos políticos lo único que quieren es evitar directamente que sus votantes se fijen en estas cuestiones. Así que difunden información falsa, echando la culpa a otras personas para distraer la atención de los votantes de su propia mala gestión. Como, por ejemplo, los casos de corrupción, cuando dan dinero público a amigos empresarios, en lugar de invertir en hospitales. O cuando emplean nuestros impuestos para rescatar a grandes empresas ricas en lugar de apoyar a los trabajadores que han perdido sus empleos. O como cuando las autoridades toman malas decisiones debido a que muchos cargos públicos solo ocupan ese puesto por los favores personales que prestaron y no por su experiencia y cualificaciones.

¿Cómo nos perjudica?

Difundir mentiras para culpabilizar a ciertos sectores de la sociedad divide nuestras comunidades. Algunas personas con serios prejuicios utilizan esas mentiras como excusa para insultar, intimidar o atacar físicamente a otras, únicamente por su apariencia, su credo o a quién aman. Atacar a la gente por su origen o su aspecto equivale a un discurso o crimen de odio. Y es tan dañino, que los gobiernos europeos han aprobado leyes de derechos humanos que exigen que estos delitos sean castigados más seriamente que los que no están motivados por racismo u homofobia.

Maltratar a las personas por su apariencia destroza el tejido social que nos une como comunidades. Resulta más difícil cuidarnos los unos a los otros y trabajar juntos cuando alguna gente desconfía de quienes tienen una apariencia o lengua distinta de la suya.

Muchas veces nos perdemos y en lugar de supervisar la labor del gobierno nos confundimos y dudamos sobre quiénes son los culpables. Algunos nos centramos en intentar detener el racismo y reconstruir la confianza. Otros, que se creen las mentiras, siguen difundiéndolas.

Si no confiamos unos en otros, si estamos divididos y distraídos, resulta difícil centrarnos en obligar a nuestros gobiernos a que tomen las medidas adecuadas para cuidarnos a todos. Y esto a su vez, es lo que permite que los políticos que realmente no se preocupan por sus ciudadanos, permanezcan en el poder a pesar de estar haciendo una pésima labor.

¿Qué podemos hacer?

Los políticos ávidos de poder y sus medios de comunicación afines que intentan dividir a la sociedad en esta crisis sanitaria nos están poniendo a todos en peligro. No están cumpliendo con su labor adecuadamente y nos quieren enfrentar unos a otros, para distraer nuestra atención y que no exijamos ni seamos conscientes de los derechos y atención que nos corresponden. Pero podemos dar la vuelta a esta situación.

Cada vez que estos políticos o grupos de medios mienten para tratar de dividir a la población y alentar actos o discurso de odio o violencia, están cometiendo un delito y deben ser juzgados. Otros políticos deben ser valientes y condenar el discurso de odio. Asimismo, cuando un ciudadano comete un delito de odio, debe ser procesado, y quienes lo sufren, deben recibir todo el apoyo. Esto es importante, pues deja claro qué comportamiento viola las reglas de nuestra sociedad.

También podemos dificultar que los políticos difundan información falsa. Por ejemplo, garantizando que las emisoras públicas de cada país sean independientes y cuenten con suficientes recursos para ofrecer una información de calidad. Si sabemos dónde podemos acudir siempre para obtener noticias fiables, es menos probable que nos engañen con bulos.

Nuestros líderes tienen la responsabilidad de cuidarnos. Si nos unimos desde nuestras diferencias, no solo crearemos comunidades más fuertes donde nos podamos cuidar mutuamente, sino también podremos erigirnos con una voz más poderosa para exigir que nuestros gobiernos nos cuiden a todos por igual.