#WeDecide: ¿Por qué queremos vivir en una democracia? Parte 1

A pesar de que el autoritarismo y el populismo no cesan de crecer, el compromiso de la sociedad con la democracia todavía es bastante fuerte. ¿Pero merece esta nuestro apoyo? ¿Por qué? ¿Qué buenas razones tenemos para querer vivir en una democracia?

Hay básicamente dos tipos de razones para querer vivir en una democracia. Por una parte, porque pensamos que favorece la posibilidad de conseguir algunas cosas en concreto, como una sociedad relativamente abundante. Este tipo de razones se denominan justificaciones instrumentales. Por otra parte, porque consideramos que son sistemas éticamente deseables, independientemente de los objetivos que queramos alcanzar. Es como comprar un gran cuadro, no porque realce la armonía de color de la pared de nuestro salón, sino porque el cuadro en sí nos parece genial o porque el artista tiene un ojo increíblemente bueno para representar las emociones humanas. Estas se llaman justificaciones intrínsecas.

En este artículo presentaremos algunas de las posibles justificaciones instrumentales. No vamos a decir cuáles -si es que hay alguna- debes acoger. Pero nos interesa mucho escuchar qué piensas tú.

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Hay quien apoya la democracia porque considera que las comunidades políticas democráticas proporcionan a las personas una buena oportunidad para desarrollar un carácter mejor. La democracia es buena porque la gente que vive en un sistema democrático tiende a ser más autónoma, porque fomenta que se piense más en el bien común y porque participar en la toma de decisiones colectivas obliga a la gente a apreciar las diferencias de intereses y puntos de vista. Las personas que viven en regímenes autocráticos son menos afortunadas en este sentido, pues tienen muchas menos oportunidades de desarrollar este caracter.

Otras apoyan la democracia porque creen que es el mejor método de toma de decisiones, ya que favorece que la gente tome las decisiones correctas. Incluso cuando individualmente somos bastante torpes, colectivamente podemos ser inteligentes. ¿Suena raro? Sí. Pero la idea no está totalmente desencaminada. Imagínate que se está haciendo tarde en el bosque y tienes que decidir si girar a la izquierda o a la derecha para llegar al refugio de montaña. Las posibilidades de que aciertes son del 51%. Echaste un vistazo rápido al mapa antes de embarcarte en la aventura, pero fue realmente rápido y no eres la orientación no es precisamente tu fuerte. Lo mismo se aplica a un grupo de senderistas. Si se le asigna a una sola persona la responsabilidad de elegir el camino, en 49 de cada 100 casos el grupo acabará compartiendo la noche junto a los osos. Sin embargo, si el grupo decide votar, sus posibilidades mejoran radicalmente. Cuando el grupo es lo suficientemente grande (10.000 miembros - sí, lo sé, un grupo de senderistas bastante insólito) a pesar de que a nivel individual cada uno tenga solo un 51% de posibilidades de elegir el camino correcto, el resultado del voto tendrá un 99,99% de posibilidades de acertar. No, no estamos bromeando. Compruébalo tú mismo/a.

Evidentemente, las decisiones a las que se enfrentan las sociedades suelen ser mucho más complejas que elegir el camino correcto en un cruce. Quizá no tengamos más de un 50% de posibilidades de acertar en una serie de cuestiones. En la mayoría de los casos, hay más de dos opciones. Y, seguramente, los problemas a los que nos enfrentamos como sociedad no comportan una única solución correcta, sino una serie de soluciones distintas que conllevan distintos riesgos y ventajas para distintos segmentos de la población. Sin embargo, algunas personas sostienen que, a pesar de las dificultades, es más posible lograr leyes justas en una democracia que en otras estructuras gubernamentales.

Otra gente apoya la democracia porque supuestamente garantiza un bienestar material para todos. Por ejemplo, Amartya Sen, economista y filósofo ganador del Premio Nobel, señaló que nunca ha ocurrido una hambruna importante "en ningún país independiente y democrático con una prensa relativamente libre". Esto se debe a que en las democracias, la élite política tiene incentivos para tener en cuenta los intereses y necesidades de la mayoría de la sociedad.

La democracia puede ser un buen medio para lograr un fin. ¿Pero es solo un buen medio para lograr un fin? ¿Y si las democracias tienen valor por sí solas? Si quieres saber más sobre las posibles justificaciones intrínsecas de la democracia, no te pierdas nuestro siguiente artículo de esta serie la semana que viene.