#MeAndMyRights: La privacidad nos brinda libertad

La privacidad nos libera de las restricciones del control social. Por eso, nos brinda la libertad de pensar críticamente, cuestionar las normas sociales y debatir ideas que podrían considerarse controvertidas.

A la gran mayoría de nosotros nos enseñan que tirar basura al suelo en lugar de al contenedor está mal. Sin embargo mucha gente sigue tirando basura al suelo, las calles están llenas de muestras de ello, a pesar de que todos conocemos la regla. En los últimos años, muchos psicólogos han comenzado a trabajar y realizar experimentos con gente para ver si pueden abordar el problema de tirar basura. En algunos experimentos muestran imágenes de ojos humanos en lugares prominentes donde existe la oportunidad de que la gente tire basura. En otros, muetran imágenes de ojos en la propia basura. Compararon los resultados con escenarios en los que los carteles de "no tirar basura" no incluían imágenes de ojos. En las situaciones con ojos humanos, era mucho más probable que las personas pusieran basura en el contenedor.

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¿Por qué? Porque los humanos tienden a obedecer las reglas de nuestra comunidad, especialmente cuando piensan que estamos siendo vigilados, para evitar que los que nos rodean nos castigue de alguna forma. Y las imágenes de los ojos son suficiente para que nuestro subconsciente sienta que estamos siendo observados, incluso si sabemos que no es cierto.

El ojo que te observa: control social

La mayoría de estos experimentos de "ojos que observan" son de los últimos años, pero se basan en una larga serie de experimentos que comenzaron en la década de 1930. A través de este tipo de experimentos, los psicólogos sociales pudieron descubrir que cuando están en un grupo, los individuos tienden a seguir las normas y las opiniones de la mayoría. Este fenómeno se llama 'control social'. En pocas palabras, una de las principales razones por las que seguimos las normas sociales y la opinión de la mayoría es debido a la presión social.

Los experimentos demostraron que el control social es tan poderoso que tendemos a seguir la opinión de la mayoría, incluso cuando esa opinión es, objetivamente hablando, incorrecta. Por ejemplo, en algunos experimentos, llenaban el grupo de compinches a los que les decían que diesen la misma opinión incorrecta acerca de cuál de las tres líneas dibujadas en una página era la más larga. Y la nueva persona, el verdadero sujeto del experimento, normalmente seguía la opinión del grupo para encajar. A lo largo de los años, por supuesto, los experimentos se han vuelto más sofisticados, y estudian por ejemplo cómo expresamos opiniones políticas y creencias sobre moralidad, no solo líneas en una página.

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Algunos de los experimentos más recientes han analizado lo que nos sucede físicamente en el cerebro en estas situaciones. Cuando un individuo expresa su desacuerdo con la mayoría de su grupo, activa la parte del cerebro asociada con las emociones negativas. Por el contrario, cuando las personas expresan su acuerdo con la mayoría, activa la liberación de oxitocina, la hormona del "amor" que ayuda a que las madres se unan con sus bebés o a las parejas sexuales. Parece que estamos programados para seguir las normas y estar de acuerdo con la opinión de la mayoría. Posiblemente porque a lo largo de cientos de miles de años, los seres humanos han evolucionado para permanecer unidos en grupos armoniosos a fin de aumentar nuestra posibilidad de supervivencia y tener acceso a beneficios colectivos como la protección, el alimento y el refugio. Hoy en día, tener una opinión polémica puede significar que te borran como 'amigo' en Facebook. En el pasado distante, probablemente significaba la expulsión del grupo o el abandono de los compañeros, condenado a una muerte solitaria.

Privacidad: mucho más que el derecho a esconder

¿Qué tiene esto que ver con la privacidad? La privacidad es tu capacidad de controlar qué información privada compartes y con quién. Compartimos información, ideas, opiniones, propiedad, espacio personal y nuestros cuerpos. Lo compartimos con nuestras parejas, familiares, amigos, compañeros de clase, colegas, conocidos, desconocidos y el público en general. Y si bien optamos por compartir cosas diferentes con personas distintas, también decidimos no compartir ciertas cosas con nadie. Cuando tenemos control sobre estas elecciones, podemos afirmar que disfrutamos de privacidad. Cuando nos quitan el control de las mismas, nuestra privacidad se ve invadida.

La privacidad es lo que nos permite elegir con quién compartimos información acerca de nosotros mismos y marcar hasta qué punto divulgamos cierta información; dicho de otro modo, nos permite "escondernos". Pero la privacidad es mucho más que esconderse, es lo que nos permite crear un espacio donde tenemos la libertad de intercambiar información, pensar y tomar decisiones sobre nuestras sociedades y sobre funcionan las cosas.

La privacidad nos libera del control social. Nos brinda la libertad de cuestionar las opiniones, normas, valores y tradiciones de la mayoría. Cuando nadie nos á obsrevando, o cuando estamos con un grupo de personas de confianza, podemos compartir ideas y opiniones que no nos atreveríamos a hacer en público. Y esto es fundamental para que la democracia funcione adecuadamente. ¿Por qué? Seguimos en la próxima entrega de MeAndMyRights.

Si quieres saber más acerca de esta cuestión o consultar las pruebas y estudios a los que hacemos referencia, puedes consultar nuestro informe completo "Seguridad por medio de los derechos humanos" aquí.