Esos coches que conducen solos... ¿aciertan en sus decisiones?

Seguramente te habrás topado ya con alguno de los múltiples debates que están teniendo lugar sobre ética e inteligencia artificial, tanto en foros gubernamentales como en la industria, los medios de comunicación o la academia.

¿No has oído hablar de ética e inteligencia artificial? Seguro que sí. Apuesto a que has leído por lo menos dos artículos en 2019 sobre cómo tomarán sus decisiones los coches autónomos. ¿Deben elegir siempre salvar las vidas de quienes van en el coche por encima de las de los peatones? ¿Deberían predecir el número de vidas que se pueden perder en cada uno de los escenarios posibles y elegir el que implique el menor número de víctimas? ¿Y si uno de los peatones es una madre con un bebé recién nacido? ¿Y si uno de los pasajeros es una médica muy mayor, a punto de terminar una investigación sobre el cáncer cerebral, digna del Premio Nobel?

Los especialistas en ética debaten acaloradamente las decisiones que deben tomar estos vehículos. Debates de gran interés, que no pretendo de ningún modo minimizar. Sin embargo, me parece importante recalcar que, tal vez, antes de tratar de llegar a un acuerdo sobre todas las complejidades que debe tener en cuenta un programador de coches autónomos, deberíamos presionar a nuestros gobiernos para que apliquen las normas mínimas que ya hemos acordado y para que utilicen la legislación de derechos humanos para protegernos de las consecuencias potencialmente perjudiciales de la tecnología.

Los coches autónomos no forman parte de nuestra realidad cotidiana, pero otras cosas sí o están a punto de ello. Por ejemplo, mi colega Eva Simon está estudiando actualmente la regulación europea sobre los filtros de contenido automatizados de internet (ya sabes, los que pueden acabar con los memes). En el próximo mes, ella y yo os entregaremos varios artículos sobre el peligro que puede suponer el uso de la inteligencia artificial y cómo la toma de decisiones automatizada puede afectar -o afecta- nuestras vidas.

PD: Probablemente elegiría la vida de la investigadora de cáncer. ¿Estás fervientemente en desacuerdo? Pronto abriremos un espacio para discutir estos temas en nuestras redes sociales, ¡esperamos escucharte!